viernes, 20 de agosto de 2010

Chill Out


Los locales Chill Out, tan de moda hoy en día, no son tan relajantes como se piensa. Ya lo comentábamos, no hace mucho, unos amigos, sentados, precisamente, en una terraza de ese estilo. Piénsalo bien. Como te puedes relajar y entablar una conversación distendida, hundido hasta el punto de apoyar la barbilla en las rodillas. Sumergido en una especie de sofá de paja tropical sintética, a equis distancia, del lugar en el que se encuentra la mesa, que acompaña al juego, más baja, esta, que el citado asiento. Sobre la cual, depositan la refrescante bebida solicitada, que anhelas consumir. Pero, para acceder a ella, has de extender el brazo, a más no poder, flexionando el tronco, sin despegar las posaderas del asiento, hasta clavar las rodillas en el torso y, finalmente, ejecutar un pequeño saltito, para atrapar, literalmente, el brebaje a degustar, darle un sorbito y depositarlo nuevamente en su estratégico lugar. No sea, que se acabe pronto, y tengas que volver a pedir otro. Pues, por lo que pagas por la caña, en el súper, compras el pack de seis). Este acto, me recuerda, a una máquina que suelen tener algunos gimnasios, la cual, emula los movimientos de los remos de una barca; ambos, te obligan, a hacer, la misma flexión rompedora de lumbares. En esa situación, la distancia más corta, con los otros contertulios, es la punta de los pies. Ya que, la alternativa, a no apoyar la barbilla en las rodillas, es tumbarte en el espaldar del sofisticado asiento tropical. Alejándote, de los interlocutores, como si estos, tuvieran mal aliento o algo parecido. Reduciendo la conversación a una especie de: - ¡Eh! ¡Los de enfrente! ¡¿Qué tal por ahí?!... Resumiendo. Me gusta la música Chill Out, pero, prefiero oírla en una cafetería de toda la vida. Escandalosa, cutre, apelotonada hasta el punto de rozar tu espalda con la espalda del que se sienta detrás. Llegando a sentir, que ese desconocido, también participa de lo que se comenta en tu mesa. Cerrándose un extraño círculo de complicidad. Y, como no, sentado en una buena silla de madera tradicional, estilo, “aplana posaderas”, con la barbilla en su lugar, no apoyada en las rodillas. La bebida a mano y los amigos a corta distancia, que para el mal aliento ya existe el chicle de menta.

Ilustración ©MarcoASantanaS 

yrunay@gmail.com © Marco Antonio Santana Suárez

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