domingo, 1 de agosto de 2010

“La Manada”


Nunca hay que rendirse sin presentar batalla. No olvidemos que la esperanza es lo último que se pierde. Hay que fijar la mirada en el objetivo y subir el listón una vez alcanzado. Sé que no es fácil esta cruzada. Tras cada prueba a la que nos expone la vida, "La Manada", espera, sin inmutarse, a que cometamos un error. Clavándonos la mirada desde un primer momento. Siguiéndonos, allí donde vamos, sin perder el aliento. La Manada" habita en todas partes. En trabajos, escuelas, instituciones. Ocupan todo tipo de cargos. Del escalafón más bajo al más alto. Y en este último, se les infla el ego de mala manera. Extendiendo sus capacidades destructivas, no sólo contra particulares, si no que, en un despilfarro de sus actitudes, acometen contra grupos, pueblos y naciones. No le hacen ascos a nada, ni a nadie. Todos somos victimas en potencia. Dignos manjares a ser degustados por sus fauces babeantes. Fauces que mascullan, rumorean e injurian, por el simple placer de herir injustificadamente. Cuanta maldad acumulada. Que absurdo placer el de destruir una vida por nada. Mucha es la injusticia que anida en "La Manada". Y mucha es la cobardía de sus miembros. Por ello, no actúan en solitario. Es más, son patéticos hasta el punto, de formar parte de la misma, para que esta, no se centre en ellos. Ilusamente, se refugian en el seno de la bestia, creyéndose, así, inmunes a ella. Que ingenuidad tan grande. ¿De verdad creen que la manada va ha ignorarles?… ¿Cómo piensan eludir a esas criaturas? Que sin motivo aparente, escondidas en la sobra, mueven hilos y pulsan teclas, justificando sus acciones con el regocijo de su mezquindad. Buscan el defecto ajeno, ponen el dedo en la llaga y oprimen donde más duele. Promueven el rechazo, lo amplifican y lo proyectan en los más vulnerables. Sin otro menester, que el de marginarles, dejarles expuestos, indefensos, solos.
Estas entidades imperfectas, carentes de madures, de auto-critica. Subidas en su pedestal de egocentrismo. Flotando en un mar de superficialidad. Guardan las apariencias tras la máscara de la frivolidad y el cinismo. Les ciega, una extraña combinación, de envidia insana e ingenuidad nociva. Escupen fuego por la boca. Lenguas bífidas, silbando palabras virulentas, que deterioran la imagen, del incauto, contra el que acometen. Sin tener en cuenta las consecuencias de sus falacias. Responsabilidad que no asumen. Porque, se ven a si mismos, en un estado de gracia que los exime toda culpa. Que los libera del espectro del mal. Dicho estado, los asemeja, a bestias sin conciencia, despedazando a sus victimas sin reparos. Jugando a dos bandas, coquetean, mientras hilan, con fino hilo, una trama, que les permite, sonreír a unos, mientas destrozan a otros. Aunque dances al ritmo que marquen. Tarde o temprano, se aburrirán de ti, y pasaras a ser objeto de sus desprecios. Porque su naturaleza es destructiva y nada se puede hacer al respecto. ¿O crees, que “La Manada”, no ira a por ti, cuando la veas descargar toda su furia contra el nuevo miembro débil de la misma, y apartes la mirada, como si la cosa no fuera contigo, por miedo a que su desgracia te salpique? ¿Que te hace cree que eres mejor que la victima?…
Hay quien dice que la maldad no existe. Hay quien piensa que hay distintos grados. Que la vida esta llena de matices. Que nadie es 100% bueno, ni 100% malo. No sé, a ciencia cierta, quien es el portador de la razón. Pero sí tengo claro, que la maldad existe, y que nadie es inmune a ella. Todos creemos estar libres de pecado. Lanzamos piedras sin importarnos a quien hieren. No, no es paranoia. Piensa que, cada vez que apoyas y promueves, acusaciones infundadas de dudosa procedencia, ríes bromas políticamente incorrectas o aceptas la existencia de movimientos de dudosa moralidad, estas destruyendo la vida de otras personas. ¿O, a caso crees que la ignorancia te exime de toda culpa?… ¿Qué esperas conseguir?... ¿Es posible que creas, que señalando a los demás, “La Manada”, no se fijará en ti?… Me temo, que no funciona así. Por lógica, cuando vulneras los derechos de los otros, también estás vulnerando los tuyos. Todos somos importantes. Todos provenimos del mismo gen milagroso. Somos una unidad. Un sólo pueblo que se expandió por el mundo. Un pueblo, que paso de ser victima, a ser depredador, y que, al perder a sus acosadores, comenzó ha acosarse así mismo. Dando lugar a la corrupción del alma y en consecuencia al nacimiento de "La Manada".
Pero que no cunda el pánico. Nunca hay que rendirse sin presentar batalla. No olvidemos que la esperanza es lo último que se pierde. Si quieres combatirla, sólo tienes que asomarte al espejo, afrontar cuanto de ella hay en ti y combatirla hasta que no quede nada.

Ilustración ©MarcoASantanaS  


yrunay@gmail.com © Marco Antonio Santana Suárez

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