viernes, 27 de agosto de 2010

Fragmentos


Me encantan las personas. No puedo evitarlo. Desde niño las observo. Más de una vez me he sorprendido mirando fijamente a más de una. ¡Que horror! ¿Que pensarán de mí? Seguro que nada bueno.
Fruto de esta excentricidad, guardo imágenes muy hermosas grabadas en la retina: Un grupo de niños pegando sus naricillas en el escaparate de una pastelería. Una chica en bicicleta a primera hora de la mañana. Unos pescadores limpiando peces recién pescados en la orilla del mar. La lista es bastante larga, pero de todas ellas, me quedo, con la de un señor mayor, bien entrado en la tercera edad, que todas las mañanas, uniformado con una camiseta desgastada, un pantalón corto, deportivas y unos guantes, (seguramente, para, en caso de caerse, no herirse las manos) haciendo footing, en paralelo a una carretera secundaria de una zona rural.
Es mi héroe. No falla ni un sólo día. Puntual como un reloj, le ves corriendo como un muñequito de cuerda, sin pausas y seguro de si mismo. Todo un campeón y un ejemplo a seguir.
En fin, todos esos fragmentos, que indiscretamente, robo de las vidas ajenas, me enriquecen de un modo que no sé explicar. De hecho, más de una vez, me he maldecido por no tener una cámara a mano para poder inmortalizar y compartir lo que veo. Menos mal, que, para estas cosas, la neurona no suele fallarme.

1 comentario:

  1. Mientras leo tu relato, siento la riqueza que algunas veces emana la humanidad. Tus pensamientos, tus voces, tus observaciones.
    Eso que tu llamas los fragmentos de la vida no son más que seres que nos describen nuestros propios sueños.
    Muchos besos.

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