domingo, 29 de agosto de 2010

La Pala


Cuando mi hijo tenía cuatro años lo lleve a pasear por la playa. Era una tarde fría, por lo que no fuimos preparados para meternos en el agua. Eso si, él tenia que llevar su cubo y su pala para jugar con la arena. La tarde transcurrió tranquila, hasta que sonó mi móvil. Era mi mujer, que aprovechando un descanso en su trabajo, llamó para charlar un rato. Mi hijo, sintiéndose desatendido, empezó a tirar de mí, por lo que tuve que decirle que esperase un rato a que terminara de hablar, cosa que no le gustó en absoluto. En un arrebato de furia, cogió la pala y la lanzó, con todas sus fuerzas, al mar, quizá esperando que yo soltase el teléfono de inmediato y me lanzase al agua a buscarla, cosa que no hice. Me limité a comentarle, sin inmutarme, que luego le compraba otra, total, esas palas de plástico no son caras. Él se quedo en silenció, algo desconcertado. Para cuando comprendió lo absurdo de su acción, la pala ya cantaba el “bye, bye, my friends”, arrastrada por las olas. De súbito, mi hijo, comenzó a gritar, como si en ello le fuera la vida: - ¡SOCORRO! ¡SOCORRO! ¡MI PALA! ¡MI PALA! ¡QUE ALGUIEN HAGA ALGO!...

Yo, la verdad sea dicha, me quedé patidifuso. En cuestión de segundos todos los que se encontraban en la playa en aquel momento se acercaron a ver qué sucedía. Mientras, mi hijo seguía gritando y llorando a moco tendido: -¡SOCORRO! ¡MI PALA! ¡MI PALA!...

¡Que vergüenza!, no tenia donde escabullirme. Los curiosos, prácticamente, nos habían rodeado. No sabia que hacer. Los acontecimientos, habían tomado un rumbo de lo más inesperado. Contrariado, pero manteniendo el tipo, me dispuse a descalzarme, para zambullirme, en busca de la dichosa palita, pero, antes de que pudiera hacerlo, una amazona, surgida de no sé donde, se lanzo al mar, nadó hasta la pala, la cogió y con la misma regresó. – Toma, mi niño – Le dijo a mi hijo, mientras le entregaba la pala y me fulminaba con una mirada de desprecio.

En todo momento, permanecí con el móvil en la oreja, transmitiendo los acontecimientos, según iban pasando, a mi mujer, como si fuera un reportero cubriendo un suceso en directo.

Sin dejar de hablar, cogí a mi hijo de la mano y me abrí paso, como pude, entre los bañistas, alejándome sin volver la vista atrás, sintiendo sus miradas de desaprobación, clavándose en mi espalda como puñales.

En el trayecto de vuelta, fui rumiando maldiciones por el mal rato que me había hecho pasar. Una vez en casa, me percaté de que el dichoso chiquillo sólo tenía el cubo en la mano… por lo que le pregunté: “Cariño, ¿dónde está la pala?” Mirándome, con la inocencia propia de los niños, se encogió de hombros y, como si tal cosa, respondió: “No lo sé.”

Ilustración ©MarcoASantanaS 

sábado, 28 de agosto de 2010

Volver Al Pasado


Cuantas veces habremos pensado: "Ojala pudiera volver al pasado sabiendo lo que sé ahora y revivirlo desde el principio enmendando todos mis errores". Imposible, lo sé. Lo más parecido a eso es intentar ver la vida a través de los ojos de tus hijos y cuidar de que no tropiecen donde tropezaste tú.

Ilustración ©MarcoASantanaS 

viernes, 27 de agosto de 2010

Fragmentos


Me encantan las personas. No puedo evitarlo. Desde niño las observo. Más de una vez me he sorprendido mirando fijamente a más de una. ¡Que horror! ¿Que pensarán de mí? Seguro que nada bueno.
Fruto de esta excentricidad, guardo imágenes muy hermosas grabadas en la retina: Un grupo de niños pegando sus naricillas en el escaparate de una pastelería. Una chica en bicicleta a primera hora de la mañana. Unos pescadores limpiando peces recién pescados en la orilla del mar. La lista es bastante larga, pero de todas ellas, me quedo, con la de un señor mayor, bien entrado en la tercera edad, que todas las mañanas, uniformado con una camiseta desgastada, un pantalón corto, deportivas y unos guantes, (seguramente, para, en caso de caerse, no herirse las manos) haciendo footing, en paralelo a una carretera secundaria de una zona rural.
Es mi héroe. No falla ni un sólo día. Puntual como un reloj, le ves corriendo como un muñequito de cuerda, sin pausas y seguro de si mismo. Todo un campeón y un ejemplo a seguir.
En fin, todos esos fragmentos, que indiscretamente, robo de las vidas ajenas, me enriquecen de un modo que no sé explicar. De hecho, más de una vez, me he maldecido por no tener una cámara a mano para poder inmortalizar y compartir lo que veo. Menos mal, que, para estas cosas, la neurona no suele fallarme.

Libertad


Somos libres, siempre y cuando, respetemos la libertad ajena. Una vez se cruza esa delgada línea, nos transformamos en esclavos de la necesidad de esclavizar. En consecuencia, el único modo de obtener la libertad propia, es dejando intacta la libertad ajena.

Ilustración ©MarcoASantanaS 

 

miércoles, 25 de agosto de 2010

Errar


Hay personas que son incapaces de asumir sus errores. Señalan con el dedo a los que les rodean despojándose de toda culpa. No intento decir que aceptarlos sea fácil. A lo que voy, es que, si no aceptan los errores, no podrán aprender de ellos, y en consecuencia, seguirán cometiéndolos una y otra vez.

Ilustración ©MarcoASantanaS 


lunes, 23 de agosto de 2010

Ser Mejor





No soy ni mejor, ni peor de lo que fui. No sé si podré alcanzar algún día la estrella que avisté. Lo que sí tengo claro, es que te amo, y eso, me llena de orgullo, me hace sentir bien, me ayuda a seguir adelante, me anima a ser mejor persona. Aunque, lo de mejorar, sólo sea una ilusión, difícil de alcanzar.


Ilustración ©MarcoASantanaS 

viernes, 20 de agosto de 2010

Chill Out


Los locales Chill Out, tan de moda hoy en día, no son tan relajantes como se piensa. Ya lo comentábamos, no hace mucho, unos amigos, sentados, precisamente, en una terraza de ese estilo. Piénsalo bien. Como te puedes relajar y entablar una conversación distendida, hundido hasta el punto de apoyar la barbilla en las rodillas. Sumergido en una especie de sofá de paja tropical sintética, a equis distancia, del lugar en el que se encuentra la mesa, que acompaña al juego, más baja, esta, que el citado asiento. Sobre la cual, depositan la refrescante bebida solicitada, que anhelas consumir. Pero, para acceder a ella, has de extender el brazo, a más no poder, flexionando el tronco, sin despegar las posaderas del asiento, hasta clavar las rodillas en el torso y, finalmente, ejecutar un pequeño saltito, para atrapar, literalmente, el brebaje a degustar, darle un sorbito y depositarlo nuevamente en su estratégico lugar. No sea, que se acabe pronto, y tengas que volver a pedir otro. Pues, por lo que pagas por la caña, en el súper, compras el pack de seis). Este acto, me recuerda, a una máquina que suelen tener algunos gimnasios, la cual, emula los movimientos de los remos de una barca; ambos, te obligan, a hacer, la misma flexión rompedora de lumbares. En esa situación, la distancia más corta, con los otros contertulios, es la punta de los pies. Ya que, la alternativa, a no apoyar la barbilla en las rodillas, es tumbarte en el espaldar del sofisticado asiento tropical. Alejándote, de los interlocutores, como si estos, tuvieran mal aliento o algo parecido. Reduciendo la conversación a una especie de: - ¡Eh! ¡Los de enfrente! ¡¿Qué tal por ahí?!... Resumiendo. Me gusta la música Chill Out, pero, prefiero oírla en una cafetería de toda la vida. Escandalosa, cutre, apelotonada hasta el punto de rozar tu espalda con la espalda del que se sienta detrás. Llegando a sentir, que ese desconocido, también participa de lo que se comenta en tu mesa. Cerrándose un extraño círculo de complicidad. Y, como no, sentado en una buena silla de madera tradicional, estilo, “aplana posaderas”, con la barbilla en su lugar, no apoyada en las rodillas. La bebida a mano y los amigos a corta distancia, que para el mal aliento ya existe el chicle de menta.

Ilustración ©MarcoASantanaS 

yrunay@gmail.com © Marco Antonio Santana Suárez

jueves, 19 de agosto de 2010

Te Puedo Sentir


No puedo verte, no puedo oírte, no puedo tocarte, pero sé, que estas ahí. 
No me importa tu físico, no me importe tu sexo, no me importa tu edad, sólo me importa que estas ahí.
No me juzgues a la ligera, se paciente conmigo, sé que no soy perfecto, pero puedo llegar a ser un buen amigo.
Discúlpame por lo que escribo y como lo escribo, quien sabe, quizá, un día, sea tan bueno como tú siempre lo has sido.
Más, que importa; recuerda, que las cosas que te ofrezco, no son ejercicios a ser evaluados, sólo son un modo, como cualquier otro, de llegar a quien no puedo ver, a quien no puedo oír, a quien no puedo tocar y sin embargo puedo sentir.

lunes, 2 de agosto de 2010

Un Hombre En Una Botella



Érase una vez un naufrago en el mar de la vida, que movido por una intensa necesidad de romper con su soledad, comenzó a lanzar a las corrientes del destino mensajes en botellas. Anhelando, en lo más profundo de su ser, que estos llegaran a las manos de alguien que se dignase a leerlos. Pero sus envíos, embarcados en un viaje sin retorno, desaparecían sin más, aumentando en demasía su soledad. Harto de no obtener respuesta, decidió enviarse a sí mismo en una botella, ya no para ser escuchado, si no, más bien, para tener constancia de la existencia de otros seres como él en el citado mar.

Tras soportar una travesía larga y tortuosa, sometido a las inclemencias del inconstante devenir de los tiempos, quedó varado en una playa. Quiso salir de la botella pero no pudo. Había pasado tanto tiempo dentro de ella que acabo formando parte de la misma. Triste y solo se resignó a vivir en ese estado.

Una tarde, con una puesta de sol magnifica, una mujer que paseaba descalza por la orilla se topó con la botella y en consecuencia con el hombre que había en su interior.

– ¡Que suerte! ¡Un genio en una botella! ¿Has venido a solucionar todos mis problemas? –, dijo la mujer con el rostro iluminado por la alegría. A lo que él respondió con tono apagado: – No soy un genio, solo una víctima de la soledad. No puedo solucionar tus problemas, pero sí puedo ayudarte a soportar el peso que generan.

Ella, sin perder la sonrisa, lo observó durante un rato. Luego, sin mediar palabra, rompió la botella, estrechó la mano del hombre y mirándole a los ojos le dijo: – Acepto tu propuesta.

De ese modo, el náufrago dejó de estar solo.

La última vez que le vi, iba abrazado a su compañera, a la deriva pero feliz, porque, amigos míos, en el mar de la vida se navega mejor en compañía.

domingo, 1 de agosto de 2010

Una Deducción Lógica

Cuando la razón te grita huye y el corazón te dice quédate, algo va realmente mal. Los sentimientos atan, no hay lugar a dudas, pero, en determinados casos, hay que armarse de valor, hacer oídos sordos y romper con ellos en favor de la supervivencia.
Ilustración ©MarcoASantanaS 


yrunay@gmail.com © Marco Antonio Santana Suárez