martes, 31 de enero de 2012

Invisible Para Otros



Siempre quiero hacer más cosas de las que el tiempo me permite. Y cuando mis “Chukis” no están en el bendito colé, esa necesidad se ve doblemente frustrada, pues absorben todo mi tiempo como pequeñas e insaciables sanguijuelas. Se cumple sin reservas la consabida premisa: “Dejas de vivir para ti para vivir para ellos”. Los momentos en los que te aislabas del mundo extasiado por tus aficiones más estimulantes quedan a tras. Relegados a un plano casi inaccesible cerca del temido reino del olvido. Las salidas y los encuentros sociales se desdibujan en las sombras de los recuerdos. Pasas de decir “yo soy” a emplear un lamentable “yo fui”. A ser tratado como “el padre de” o “el marido de”. Algo así como una entidad “perteneciente a” con la que no se puede tratar más de lo estrictamente estipulado. Los que te miraban en un tiempo con admiración por tu destreza, vitalidad e independencia, ahora son incapaces de percatarse de tu presencia. Eres borrado de un plumazo de la faz de la realidad, sin haber hecho el más mínimo gesto para provocar dicho exilio. Porque, a ojos de una buena mayoría, cuando te subes a la fragata de la entrañable vida familiar, dejas de ser socialmente interesante. Personalmente, no comparto dicha desalentadora distorsión de tan noble iniciativa. Me consta, sin lugar a dudas, que hay vida más allá de la aceptación social. Sin embargo, no puedo ignorar, que el repulsivo fantasma del rechazo existe latente en los corazones consumidos por la decadencia de los prejuicios. Consiente de dicha anomalía, me reafirmo en mi convicción de que, aunque la brújula de bolsillo flaquee en sus funciones, mi rumbo es el correcto. Invisible para otros, sujeto al timón de mi fragata familiar, me abro camino en el mar de la vida, navegando por rutas que perfilan relucientes horizontes de felicidad. Aunque, a veces, me resulte difícil hacer más cosas de las que el tiempo me permite. Aunque, a veces, me resulte difícil evitar percibir esos sentimientos negativos en mi entorno cotidiano. Cuyo hiriente desdén, podría, en un momento de debilidad, inducirme a zozobrar. Porque, a fin de cuentas, invisible o no, ocupado o no, solo soy un ser humano.

Ilustración ©MarcoASantanaS 
Safe Creative #1201311000089

1 comentario:

  1. Son responasibilidades nuevas, pero no por ello más desagradables. Yo pienso que cada etapa en la vida tiene sus inquietudes y sus preferencias, y sí, tener hijos es dejar de entender la vida tal como la entendías, se acaban los viajes.. se limitan los amigos, pero también es una experiencia irrepetible que agradeces haber vivido todos los días.
    Te he descubierto gracias a los 20blogs, un abrazo.

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