lunes, 26 de marzo de 2012

Alzheimer

Esa madrugada, se despertó cansado. No había sido una buena noche. La desaparición de un bien muy preciado había impedido que conciliara el sueño. Sentado en el borde de la cama, se esforzaba en recordar. Era consciente de lo que le faltaba, pero incapaz de recordar donde lo había dejado. Con la luz de su mesa de noche encendida, para no despertar a su pareja, buscó en los cajones de la misma, sin éxito. Se detuvo a pensar, y miró debajo de la cama, pero no hallo nada. Rebuscó en los cajones de la cómoda, e inclusive, dentro de su armario, no obstante, su preciada pérdida no retornaba. Sin mermar su esperanza, se enfrascó en seguir buscando por el resto de la habitación. Con el traqueteo, su pareja, se despertó algo contrariada, y le dijo, con un sonoro grito: ¡QUE DEMONIOS SE TE HA PERDIDO AHORA! – Y él, sin inmutarse, le respondió con moderación: – Tú cariño. He perdido tu cariño. ¿Se te ocurre donde puede estar?...
Ilustración ©MarcoASantanaS 

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