miércoles, 7 de marzo de 2012

¡Houston, Tenemos Un Problema!


Auguro tiempos de tinieblas en mi odisea. Lamentablemente, mi ordenador de abordo, la llave maestra que me abre la puerta al ciberespacio, ha hecho capút. La brújula de mi transporte inusual jira sin control. Sobra decir que he perdido el Norte. Nubes oscuras se ciernen sobre mí, y de momento, no puedo hacer gran cosa para evitarlo.
Pobre ordenador, con los buenos ratos que hemos pasado juntos. No puedo evitar sentirme culpable. Quizá le exigí más de lo que podía rendir. Si es que, sin pretenderlo, nos volvemos unos tiranos sedientos de exprimir al máximo las prestaciones que estos nos ofrecen sin la más mínima consideración. Estamos poseídos por el ansia de obtener más en menos tiempo. Al final, uno no sabe quien domina a quien, si el ser humano a la máquina o la máquina al ser humano. ¿Qué fue de los tiempos en los que uno era feliz con el manejo de la escuadra y el compas?... ¿Tan terrible era pintar los bocetos a tempera, redactar un texto con lápiz y papel o revelar una foto con el clásico revelado, baño de paro y fijador?... Yo recuerdo con mucho cariño las horas compartidas con las letras transferibles y el bruñidor. Todo era más autentico, más cercano, más físico, más meticuloso, más elaborado, más, más, más… Aun así, preferimos depender de máquinas para realizar las mismas cosas de forma intangible. Las cuales, corren el riesgo de evaporarse, en el momento menos pensado, por un simple corte de suministro eléctrico, una avería de sistema, una desfragmentación de disco o vete tu a saber.
Lo más doloroso de estas terribles calamidades, es que se suelen llevar consigo uno de nuestros vienes más preciados: Los recuerdos.
Hacer fotos o grabar vídeos se ha vuelto tan fácil que no podemos evitar hacer más de los que requieren las ocasiones, y como revelar o editar dicho exceso se nos hace engorroso, dejamos esa valiosa información almacenada en los citados soportes tan inestables. Arriesgándonos, a que se apaguen para siempre, llevándose consigo, esas improntas de nuestro pasado que no volveremos a revivir. A pesar de ello, no escarmentamos, aquí estamos compartiendo nuestros sueños, nuestras creaciones, con la ingenua idea de que perdurarán en el tiempo, más allá del fin de nuestros días. Sin tener en cuenta, que un Servidor no deja de ser un ordenador dependiente de un suministro eléctrico. Tan susceptible es de sufrir algún percance inesperado como el que empleas ahora para leer lo que comparto.
Amigos míos, está claro que nada es para siempre. Todo es temporal, transitorio, efímero.

Ilustración ©MarcoASantanaS 


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