domingo, 11 de noviembre de 2012

Hay Días


Hay días en los que las mareas de la vida me aíslan de todo. Abandonado en mi botella, doy tumbos a la deriva en océanos interminables, que se pierden en horizontes homogéneos que me privan de la visión, aunque sea temporal, de la quietud de la tierra firme. Días en los que el silencio y la soledad se hacen insoportables. Días en los que golpear con los puños ensangrentados el cristal de la botella no conduce a nada. Más que a la frustración, fruto de la impotencia de ser lo que soy, un naufrago, de tantos, atrapado dentro de una botella. Ineludible barrera, invisible e infranqueable, que me acompaña a todas partes, y que, en momentos como este, de vulnerable debilidad, se hace poderosamente latente. Recordándome, la claustrofobia inherente a los espacios reducidos, donde cada movimiento, se halla milimétricamente medido, para sortear colisiones con las limitaciones que marca el sendero que el destino, muy a mi pesar, me ha preescrito. Procurando evitar sentirme cohibido, presa de mi mismo en el contenedor de mi persona, zarandeado por situaciones adversas que escapan a mi control. Sin dudar en sacar fuerza de la flaqueza, en armarme de valor mirando al mundo con optimismo ente la ejecución de esta reiterada doctrina, que me mantiene despierto cuando preferiría estar ausente.

Hay días, en los que daría lo que fura por romper la consabida barrera que nos separa. Por abrir un portal en el espacio y filtrarme hasta tu estancia. Por poder plantarme ante ti, frente a frente, cara a cara, y disfrutar de tu sonrisa, deleitándome con la luz de tu mirada, sumido en el más absoluto silenció, pendiente de la musicalidad de tus palabras. Las almas encriptadas en recipientes de cristal, solo podemos soñar con lo que podría ser. Pues, lo que es, es lo que hay, y lo que hay, es lo que ves, aunque la mecánica cuántica nos brinde infinitas posibilidades, mis realidades, son, han sido y serán, infinitas botellas arrastradas por las corrientes. A cual más desorientada, según el día, las mareas, la suerte y las palabras. Un reino inestable donde tu eres ficción y yo fuente de imaginación. Donde tu piel, es solo la promesa de la visión de lo que nunca tendré, la suavidad de lo que nunca sentiré, la calidez de lo que nunca alcanzaré. Así, enfrascado de por vida, al vacío, en un reducido universo de cristal, que, en teoría, me lo brida todo, pero en realidad, no me da nada. Me cobijo del chaparrón habitual, sin dejar de buscarte entre las aguas. Quien sabe, quizá necesites una mano amiga para reconstruir tus alas. Quizá mi estupidez sea el elixir que tanto anhelabas. En cualquier caso, sueños a parte, hay días, en los que hubiese sido mejor no haberme levantado de la cama. 

Ilustración ©MarcoASantanaS
No dudes en comunicarme cualquier error que halles en mi escritura. Toda contribución a mi cruzada será bien recibida.

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yrunay@gmail.com © Marco Antonio Santana Suárez

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