martes, 13 de noviembre de 2012

La Gran Pregunta


¿Qué hago con mi exceso de imaginación? ¿Dónde almaceno esta fuente interminable de universos paralelos que solo yo puedo ver? ¿De que me sirve este don que me aleja de la tangibilidad de lo real? Dejándome, como de costumbre, en un punto indeterminado de todo. Existiendo sin existir, viviendo sin vivir, muriendo sin morir, viajando sin moverme del sitio. ¿Que clase de locura es esta, que más que desquiciar deleita? Enganchándome con esa droga que segregan mis escasas y oxidadas neuronas, subyugadas en este rito, consagrado, hasta el fin de los tiempos, a generar mundos de mágica ficción.
Recuerdo, que siendo adolescente, me enfadaba conmigo mismo cada vez que las fantasías hacían presa de mí. – “¡Yo soy quien tiene el control! ¡Yo soy quien tiene el control!” – Me repetía ofuscado una y otra vez. – “Porque soñar es de vagos, y los vagos, no son bien vistos en este lugar en el que me ha tocado existir.”
Quizá, en mi otra vida, no fui de carne y hueso, quizá fui un simple sueño, una inspiración intangible, etérea, un fruto de una emoción, un algo indefinido que, movido por la curiosidad insana, pidió, erróneamente, ser algo que no debía ser. Quizá, esa entidad, hoy presa en mi subconsciente, se arrepiente infinitamente de dicha petición. Pero ya es demasiado tarde para arrepentimientos. Ahora toca vivir y aprender la lección consecuente al castigo. Castigo desmedido, sin lugar a dudas, pero nadie me obligo a pedir lo prohibido. Si te lanzas voluntariamente a la aventura de la vida, has de vivirla hasta las últimas consecuencias, hasta que el celuloide se acabe, hasta que la carcasa escogida para dicho viaje se quede sin fuerzas. Desmoronándose y trayéndote de vuelta al principio, de donde nunca debiste haber partido. Es lo justo, innegable e inevitable. A fin de cuentas, por la vida solo estamos de paso, y en dicho trayecto, siempre se recoge algo, nunca se retorna a la nada con las manos bacías. Como minino, te llevas la satisfacción de haber transmitido tu lección a los nuevos e ingenuos sueños, que movidos por la curiosidad insana, acaban en el reino de los vivos, tan perdidos como lo estabas tú, por haber anhelando ser, algo que nunca debieron ser.

Ilustración ©MarcoASantanaS
No dudes en comunicarme cualquier error que halles en mi escritura. Toda contribución a mi cruzada será bien recibida.

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yrunay@gmail.com © Marco Antonio Santana Suárez

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