martes, 27 de noviembre de 2012

Peligro Al Acecho


Con el eco lejano del cántico de las sirenas, observo, pasivo, el vaivén de las olas, acomodado en el interior de mi botella. Manejo el timón con serenidad, pues las mareas del momento se prestan a ello. Dejándome arrastrar por mis pensamientos, medito sobre lo distintas que son unas de otras. Concluyendo que, en cierto modo, son como las personas. Nunca sabes como van a reaccionar. Tan pronto se pasean ligeras y espumosas sobre la arena, a modo de caricia, coqueteando, a la vez, con sus chapoteos entre las rocas, que lindan y enmarcan los arenales milenarios. Como se elevan en exceso, arremetiendo, vaporosas y con saña contra las mismas. Erosionando a unas, como si no estuvieran conformes con el aspecto que estas exhiben y arrastrando consigo las partículas que componen a las otras, revueltas en sus inconsistentes entrañas, como si creyeran, que con ello, pudiesen poseerlas hasta el punto de anularlas por completo.

Uno nunca sabe a que se expone, tanto con la mar, como con las personas. Estas últimas, pululan por tu entorno, en principio, sin mostrar hostilidad alguna. Lo cual, no quiere decir que no debas tener cuidado. Por su puesto, no sugiero que debamos vivir bajo el yugo de la paranoia, solo, que no hagamos oídos sordos al sentido común y seamos precavidos cuando el momento lo requiere. Aunque claro, he de admitir, que no es fácil prever, cuando vas a ser arrullado por las olas, acomodado en tu botella, o cuando vas a ser zarandeado por las que arremeten, implorando clemencia al Dios Neptuno, justo el día que tiene la ventanilla cerrada. Claro está, que, aunque nos desenvolvamos medianamente bien en la mar,  esta, no es nuestro entorno natural.

Todos somos susceptibles de ser aceptados o rechazados. Si no es por un motivo es por otro. En mi caso, cuando soy objeto de rechazo, no puedo evitar sentirme identificado con los personajes marginales de la literatura y el cine de ciencia ficción que gusto consumir. Quizá, ello sea debido, a que la mayoría de los protagonistas de estas historias, son seres diferentes al resto buscando un lugar en una sociedad que no termina de aceptarlos. “Un mundo feliz” del escritor británico Aldous Huxley fue el causante de esta devoción por el genero. Me lo ley, a trancas y barrancas, cuando tenía once años. Dada mi condición, fue, algo así, como un martirio placentero. Ya que, a fuerza de releer sus complicadas descripciones, una y otra vez, llegué a hacerme una idea general del argumento del mismo. Curiosamente, hará cosa de un año, lo volví a leer, para refrescar mi memoria y para demostrarme que aun sigo siendo capaz de leerlo y entenderlo.

Admito, que tiendo a ir en pos de la caza y captura de estas historias en el renovado y prolifero mercado de este género. No obstante, mi favorita, por excelencia es “Gattaca” (1997). Película ambientada en una sociedad futura, en la que la mayor parte de los niños son concebidos in Vitro y con técnicas de selección genética. Menos Vincent (Ethan Hawke), uno de los últimos niños concebidos de modo natural, nacido con una deficiencia cardíaca por la que no le auguran más de treinta años de vida. Me encanta, es un buen ejemplo de afán de superación, aunque, al final… Bueno, quizá sea mejor que lo vean personalmente. No seré yo el que cuente el desenlace de la película a los que no la hayan visto.

Es así, que los que afrontamos la vida de modo diferente a la mayoría, nos levantamos cada mañana dispuestos a sacar el mayor partido posible de las expectativas que esta nos brinda. Hay días en los que las corrientes nos arrullan placenteras, por lo cual, conseguimos alcanzar todos nuestros propósitos. Permitiéndonos, descansar con satisfacción al llegada la noche. Abrazados al convencimiento, de que no hay nada que nos impida ser como los demás. Sin embargo, no siempre salen las cosas a pedir de boca. En contrapartida, hay días, en los que las corrientes nos zarandean inclementes. Y por más que lo intentamos, no dejamos de estamparnos contra el duro e invisible muro de la dislexia. Por lo que, en las noches que preceden a esos fatídicos días, dormimos, más bien, poco y mal, atormentados por el influjo del espíritu de la estupidez.

Lo curioso del caso, es que, si ciertos individuos, tocados por males peores, no se inmiscuyeran en nuestras vidas, quizá, nunca tendríamos que pasar por esos días bochornosos y esas noches infinitas de auto flagelación y culpa.

Yo, personalmente, los he bautizado como “Los Caza Defectos.” Estos, vienen a ser unos seres cargados de muy malas vibraciones. Personas con un gran malestar interior, seguramente, no se gusten a si mismas, aunque aparenten tener un ego muy alto. Memoriones innatos, no dejan escapar oportunidad alguna para hacer lucir dichas dotes, aun que sea, a costa de la humillación ajena. Y en dicho caso, entre más vulnerable sea la presa escogida, mayor es el regocijo que experimentan.

No hace mucho, una amiga, me escribió, lamentando el hecho de que un compañero, (conocedor de su dislexia) la había puesto en evidencia delante de otras personas, poniéndola a prueba con unos cálculos matemáticos. A pesar del mal trago, ella, excusa lo inexcusable, porque el supuesto “amigo” le aclaro que solo era una broma.

Yo no sé ustedes, pero a mí, dicha broma, no me hace ninguna gracia. Las bromas están bien si nos vamos a reír todos con ellas. Pero si estas, surgen cargadas de maldad, pierden su razón de ser.

Quizá, lo expuesto, tenga algo que ver con mi tendencia a la “soledad en compañía”. Dicho de otro modo, “amigos, los justo y de calidad”. Con el resto, me manejo bien en las distancias cortas, ya que, una exposición demasiado larga podría acarrearme algún desaire.

Siguiendo esa premisa, mantengo las formas cuando el típico listillo, con intención de ponerme a prueba, comenta con tonadilla incrédula: - Oye, pues yo no veo en ti nada raro... – A lo que suelo responder, avispado, sin darle tiempo a continuar: - ¿Por qué habría de haberlo? - Al igual que los que arrastran con una deficiencia de movilidad, los que la tenemos mental, procuramos trabajar en ella, para que esta, no sea la que lleve el control de nuestras vidas. La calidad de mi escritura, mi lenguaje, mis cálculos, mi memoria, son la consecuencia de una dedicación diaria. La constancia, la repetición, el afán de superación, son los cinceles que esculpen mi imagen. Dando lugar, a un halo de normalidad, que encandila, de entrada, al que se me acerca. Impidiéndole ver más allá.

Hacerse a uno mismo, es un privilegio que no todos han tenido la suerte de disfrutar. Solo los que hemos sido desechados por el sistema educativo, como objetos no validos, conocemos sus bondades. Pues, a partir del momento en el que dejan de decirte lo que tienes que decir, hacer, pensar y sentir, comienzas a ser tu mismo.

Ilustración ©MarcoASantanaS
No dudes en comunicarme cualquier error que halles en mi escritura. Toda contribución a mi cruzada será bien recibida.

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