martes, 19 de junio de 2012

Llamamiento


Érase una vez un naufrago en el mar de la vida, que movido por una intensa necesidad de romper con su soledad, comenzó a lanzar a las corrientes del destino mensajes en botellas. Anhelando, en lo más profundo de su ser, que estos llegaran a las manos de alguien que se dignase a leerlos. Pero sus envíos, embarcados en un viaje sin retorno, desaparecían sin más, aumentando en demasía su soledad. Harto de no obtener respuesta, decidió enviarse a sí mismo en una botella, ya no para ser escuchado, si no, más bien, para tener constancia de la existencia de otros seres como él en el citado mar.

Lo que nuestro aventurero no podía imaginar, es que, llegado un momento, se vería saturado por infinidad de mensajes enviados por personas, que como él, también se habían lanzado al mar de la vida en busca de otros seres semejantes a ellos.

En consecuencia, este hombre en una botella, tomando como base la experiencia otorgada por el trayecto recorrido, comprendió, que al emprender su viaje, sin pretenderlo, había hecho algo bueno. Algo que los demás tradujeron en un brote de esperanza, y este, como tal, demandaba ser atendido. Por lo tanto, tras someterlo a consideración, decidió atender dicha demanda compartiendo su viaje, que afín de cuentas es el viaje de todos, brindando un hueco de su portal a aquellos, que como él, tienen la imperiosa necesidad de exteriorizar eso que les carcome por dentro.

Así pues, si eres disléxico, Padre, Madre o pariente de disléxico y deseas compartir tu experiencia, no dudes en enviármela al siguiente correo: yrunay@gmail.com Poniendo en asunto la palabra “Testimonio” y yo la publicaré en mi blog para que no caiga en el olvido.

Del mismo modo, si eres un profesional en dicho campo, no te cortes en enviarme, tus opiniones u observaciones sobre los casos publicados al mismo correo: yrunay@gmail.com Poniendo en asunto la frase “La Voz Del Profesional” e igualmente serán publicadas en mi blog.

La invitación está hecha. Ahora depende de vosotros hacer que la iniciativa salga adelante. No olvidéis que somos más de los que creemos. Ayudándonos a nosotros mismos, ayudamos a los demás. Entre más se hable de la dislexia, más resonancia tendrá en los medios. Uniendo nuestros testimonios, quizá, creemos un solo testimonio. Un testimonio con la relevancia suficiente para ser oídos por aquellos que, sencillamente, no saben viajar en botella.

Ilustración ©MarcoASantanaS
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yrunay@gmail.com © Marco Antonio Santana Suárez

miércoles, 13 de junio de 2012

Una Realidad Incomoda


Cuando te expones, corres el riesgo de recibir tanto criticas buenas como malas. Las buenas son una bendición, una inyección de autoestima de valor incalculable, dignas de mi más sincera y eterna gratitud. Las malas, no suelen afectarme, salvo en los casos en que provengan de alguien a quien estime. Solo aquellos a los que amo pueden llegar a herirme con sus juicios acerca de esta aventura en la que me he embarcado. Quizá, ello se deba a la relevancia que estos tienen en mi vida. La intensidad de los sentimientos que me unen a ellos o lo que inconcientemente espero de los mimos. No lo tengo claro.

Lo que de buen grado llega, de buen grado es acogido.  Lo contrario, no me intereza. No soy partidario de entrar a debate con mis detractores. No obstante, hoy, como única excepción, quisiera dedicar algunos párrafos a matizar algunos puntos oscuros de ciertos comentarios recibidos.

Comenzaré aclarando, que no hago de la Dislexia mi bandera. Una cosa es que haya creado un blog para hacer frente a la parte de la misma que más me cuesta superar, y otra muy distinta, es que la proclame a bombo y platillo allí donde vaya. Fuera de este blog, mi vida destila normalidad. Soy uno de tantos, con unos días mejores que otros, y nunca, saco a relucir el tema de la Dislexia, ni la uso como escudo o escusa para no realizar una tarea. Los que me conocen desde hace años deberían saberlo mejor que nadie, sin embargo, han resultado ser los más sorprendidos con mi decisión de exteriorizar que soy (por razones obvias) un miembro irrefutable del selecto club de la Dislexia. Lo cual, no deja de sorprenderme, pues, precisamente ellos, en algún que otro momento, han sido testigos involuntarios de los síntomas que me catapultan a ingresar en dicho círculo.

Esta, no ha surgido de la noche a la mañana. No he metido la mano en mi chistera bacía y sacado de ella a la Dislexia por arte de magia. La susodicha siempre estuvo en la chistera, yo solo me he limitado a mostrarla. No es algo de lo que me pueda sentir orgulloso. Acarrea más inconvenientes que beneficios. Basta decir, que si para una persona supuestamente normal la integración laboral y social es compleja, para un Disléxico lo es el doble. Eso, sin tener en cuenta, que el ritmo acelerado y agresivamente competitivo de la sociedad actual, no concuerda, ni por asomo, con nuestra sosegada apreciación del mundo.

Soy consciente, de que hay personas que no terminan de asumir la existencia de dicha limitación. Lamentablemente, no puedo hacer nada al respecto. No está en mi mano apaciguar sus recelos. Si a ellos les cuesta asimilarla, imaginaos a los que venimos padeciéndola desde la infancia.

La Dislexia, no es una majadería, como se le ha ocurrido decir a más de uno. Me respaldan un buen número de personas que también la padecen. No consigo entender, por qué, les inspira suspicacia el que me sincere sobre esta cuestión. Si un sordo te dice que no te puede oír, no le cuestionas su sordera. Es más, inconscientemente aumentas el tono de voz, a ver si así te puede oír mejor. Hay una predisposición innata a facilitarles las cosas a esas personas, porque la sociedad, está más que sensibilizada con dicha limitación. A mi, no se me ocurriría decirle a un sordo, que no lo es, solo porque no puedo ver su sordera. Pero claro, en el caso de la Dislexia, tristemente, parese ser más sencillo tacharnos de ignorantes consumados, estúpidos congénitos o vagos crónicos.

Estimados incrédulos, soy Disléxico. No elegí serlo, no me gusta serlo, pero lo soy. Nací siéndolo y moriré siéndolo, pues, haga lo que haga para encajar mejor en las estructuras sociales establecidas, no va a conseguir redirigir la entrada de información en mi cerebro, por las vías consideradas normales por la mayoría de los mortales.

Ahora bien, si a pesar de lo expuesto, seguís con vuestras reservas, recordad:

1. Si me pedís que gire a la derecha probablemente girare alegremente a la izquierda. (Cosa que me perjudicó mucho cuando me estaba sacando el carnet de conducir)

2. Si quedáis conmigo a las ocho menos cuarto, no os enfadéis si aparezco a las ocho y cuarto, seguramente, me habré armado un taco con la hora.

3. No me pidáis que os ayude a resolver problemas matemáticos, pues no sabré ni por donde empezar.

4. No os sintáis decepcionados si olvido vuestros nombres al segundo de habérmelos dicho. Si os sirve de consuelo, vuestros rostros quedan grabados en mi retina con la misma facilidad, permitiendo que os recuerde a pesar del transcurso de los años.

5. No olvidéis, que si me tenéis que decir algo, os debéis asegurar de que estoy receptivo, porque en caso contrario, no os podré oír. Es más, procurad repetirme el mensaje más de una vez, de un modo claro y directo, sin andaros con rodeos, porque si hacéis lo contrario, solo me quedaré con lo último que me hayáis dicho.

6. No esperéis que os lea un libro en voz alta para haceros compañía un día en el que estéis enfermos. Porque mi vista vuela sobre el texto sin recaer en los detalles, intuyendo más que leyendo, las palabras que siguen a las palabras. Emitiendo un disonante martilleo con mi voz, que más que sosegaros, podría aumentar notablemente vuestra jaqueca.

No sé, podría seguir. Quizá, más que Disléxico, sea Súper Disléxico. A lo mejor, debería ir dando saltos de tejado en tejado enfundado en una maya de colores vivos en favor de esta causa tan ignorada.

Debéis hacer un esfuerzo para entender, que este comportamiento, no es un plan meticulosamente elaborado para haceros la vida imposible. Me hago cargo, de que relacionarse con una persona así, toca un poco las narices, aunque se entienda que sus actos son involuntarios.

En fin, entonar el Mea culpa no resuelve nada. Personalmente, no deseo molestar a nadie, prefiero abrazar la soledad a incomodar a los que me rodean. Soy lo que soy y no le doy más vueltas. Asumo el problema y lo afronto con las armas que tenga a mano. Sobrevivo, tragándome lo que me echan y siguiendo adelante, sin volver la vista atrás. De ese modo, he aprendido a vivir rehaciéndome, una y otra vez. Construyendo capas sobre capas (una vez estas son dañadas) hasta formar una férrea armadura. Una sólida coraza, que me da fuerza en los momentos de flaqueza, marcando la diferencia cuando todo está en mi contra. Evitando mi descenso a los infiernos sumido en una depresión insoportable, y haciéndome resurgir de las cenizas, totalmente transformado. Reluciente, segador, más fuerte de lo que fui, pero igualmente solitario e incomprendido. Atrapado en un recipiente, que me muestra a través de su cristal, un mundo al que nunca tendré pleno acceso. Un hombre en una botella a la deriva en las corrientes del mar de la vida, o un niño asustado que cabalga a lomos de un corcel, en un desierto, en mitad de ninguna porte. En ambos casos, el rumbo a tomar es el mismo. Siempre directo hacia las puestas de Sol. Para mi, el más bello de los símbolos de la esperanza. Donde el silencio y la luz solar se prestan gentiles a sanar mis heridas, sin que por ello, la Dislexia, mi eterna compañera en el sendero del mar de la vida, deje de volar dando vueltas sobre mi cabeza.

Ilustración ©MarcoASantanaS 
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yrunay@gmail.com © Marco Antonio Santana Suárez

jueves, 7 de junio de 2012

Allí Donde Nacen Los Sueños · La Pesadilla

Capitulo 4 = http://marcoasantanas.blogspot.com.es/2012/05/alli-donde-nacen-los-suenos-la-huida.html
Eva, grita reiteradas veces, dolida por su pérdida, pero no consigue apaciguar la angustia que devora su alma. Sin percatarse de que ya no es arrastrada por la misteriosa entidad, llora sin consuelo, hecha un ovillo sobre un frío suelo negro azabache. El absoluto silencio reinante solo es roto por su gimoteo. Tomando conciencia de ello, calla. Se recompone poniéndose en píe, sin que el nudo que oprime su pecho afloje un palmo. Mira a su alrededor, pero no ve mas que oscuridad. No sabe expresarlo, pero se siente distinta, ligera, ingrávida. Incomoda se mira y ruborizada exclama: – ¡Estoy desnuda!...
“¡Silencio!” – Oye en su cabeza. Se gira buscando con la mirada en todas las direcciones, hasta localizar una figura humanoide, igualmente desnuda, con una piel lechosa reluciendo, tal cual faro, en medio de tanta oscuridad. Esta, de espaldas, se inclina con cautela como si estuviese observando furtivamente tras una esquina. Así lo piensa Eva, pero al segundo lo descarta por absurdo. – Aquí no hay nada, solo oscuridad. – Cavila dando unos pasos dispuesta a aproximarse. Pero la entidad, a pesar de no tener oídos, intuye su movimiento girando veloz su cara hacia ella con cierto recelo. Mirándola, con unas turbadoras luces rojas, que emulando a unas pupilas, flotan suspendidas en las huecas y oscuras cuencas de sus ojos, a modo de luciérnagas danzando a la par en la boca de sendos orificios.
Eva, queda petrificada, no se atreve a mover un músculo mientras el rostro plano de la criatura, ausente de rasgos faciales, salvo los ojos ya citados, se dirige hacia ella. Luego, atraído por algo que reclama su atención con mayor apremio, recupera su postura de mimo callejero, caracterizando a un mirón tras una esquina, indiferente a su presencia.
“¡Pero qué demonios…! – Masculla armándose de valor mientras se aventura decidida a acercarse. Con la fortuna, de que en este segundo intento la susodicha no se inmuta, permitiéndole acercarse hasta casi tocarla.
Poniéndose de puntillas, hecha un vistazo por encima de su hombro, mientras le pregunta: – ¿Qué miras?... – Pero no responde, inalterable en su incomprensible conducta.
Con reparo, apoya sus manos en el hombro desnudo de la misma para no perder el equilibrio, apartándolas sobre la marcha como si hubiera tocado una bombilla encendida. Sin embargo, no experimentó quemazón al tacto, sino una especie de vahído, algo así como un tirón al interior de la materia que le da forma.
“¡No vuelvas ha hacerlo!” – Le amonesta sin volverse a mirarla.
Cohibida, asiente con la cabeza y prueba a inclinarse igual que él, asomándose, esta vez, por el lateral de su brazo derecho.
En principio no ve nada, pero al rato, se materializa una imagen, una ventana a otro lugar. Dentro de ella, un individuo enfundado en un traje de neopreno negro, se esmera en afilar un reluciente juego de cuchillos de carnicero. – Esto no me gusta. – Advierte, retrocediendo por temor a ser vista – ¿Por qué estamos aquí? – interroga con un susurro a la criatura. – “Tú rescate me ha debilitado, necesito alimento” – Le responde sin perder de vista al individuo de la proyección.
Inquieta con el giro que están tomando los acontecimientos, continúa indagando con cautela: – ¡¿Alimento?! ¿Qué clase de alimento? ¡No tienes boca!...
– “¿Boca?... No necesito esa desagradable apertura en la cara. Yo me alimento de lo que ves ahí.” – Le responde señalando con el dedo a la proyección.
No te entiendo. – Continua Eva con un hilo de voz.
“Me nutro de la luz que proyectan los durmientes en la oscuridad. Eso que vosotros llamáis sueños. Localizo las brechas que se crean en el velo del Nexus, absorbo toda la luz que estos me puedan dar y continúo mi camino. Nada fuera de lo normal. ¡Ahora deja de hacer preguntas, necesito concentración!”
¡Uf! ¡Pues si que me ha salido antipático el caballero andante! – Se comenta con ironía mientras se sienta sobre sus rodillas con los brazos cruzados, intentando cumplir con lo que le pide.
Amodorrada por el aburrimiento, deja escapar un bostezo en lo que vuelve a asomarse por el lateral de la entidad movida por la curiosidad. En un vistazo rápido, se percata de la existencia de unas jaulas de hierro de mediana estatura tras el individuo que afila cuchillos. Estas acaparan al instante toda su atención, la sensación de aburrimiento se esfuma y su mirada se agudiza esforzándose en descubrir lo que se mueve en su interior. En esto, una pequeña mano infantil se deja ver por uno de los barrotes de la tenebrosa prisión. Eva se sobresalta, por su cabeza pasan infinidad de ideas, a cual más terrible, y sentencia con un palpitar de corazón que le golpea dolorosamente el pecho: – ¡Tenemos que hacer algo! – El ser, se vuelve repentinamente hacia ella, agarrándole el brazo con violencia y le grita – “¡No vas a intervenir! ¡Es mi alimento! ¡Lo necesito! ¡Sin el, no podré salir de esta oscuridad!” – Pero ella, sin escucharle, le replica: – ¡Va ha matarlos! ¡Hay que detenerlo! – El ser, zarandeándola un poco, insiste: – ¡Lo que ves, no es real! ¡Solo es un sueño!...
En esto, el llanto histérico de un niño les interrumpe. Ambos, miran al acecino, que en ese preciso instante está sacando a una de sus víctimas de la jaula. Eva, aprovechando la distracción del ser albino, se zafa de su zarpa y corre como una exhalación al rescate del pequeño.
“¡NO!” – Grita con contundencia el ser en su cabeza. Ella se tambalea dolorida, como si le hubiese dado un mazazo en la sesera, pero en un acto de valentía sin parangón, transforma en fuerza su dolor, se estabiliza y arremete en una durísima embestida contra el desprevenido sádico.
Este, suelta al niño cayendo aparatosamente contra una pared y perdiendo el conocimiento con el impacto. Eva, sin desperdiciar un segundo, abre las jaulas y va lanzando, uno por uno, a los niños al otro lado de la brecha. Cuando se hace cargo del último, este, pillándola desprevenida, la abraza con fuerza diciéndole: – ¡Gracias, Mamá, sabia que me encontrarías! – Sorprendida con la dulzura de dichas palabras siente que se desmorona, no obstante, reprimiendo esa emoción dedica unos segundos a observarlo. Viéndose, gratamente recompensada por el candoroso rostro de una niña pelirroja, que fulminándola con sus inmensos ojos verdes, persiste en seguir abrazándola. Conmovida, le devuelve el abrazo recordando al hijo que perdió. Dejándose seducir por la magia del momento, hasta ser bruscamente interrumpida por una enorme sombra que eclipsa la tierna escena con sus sórdidas palabras. – ¡Zorra! ¡Me has robado los juguetes! – Le amonesta un individuo alto y delgado de rostro encendido y desfigurado por la ira. Ella, cogiendo a la niña en brazos, huye saltando a modo de gacela al otro lado de la brecha. Dándose de bruces contra el frío suelo azabache, a causa, de una atenazadora mano que la agarra por el tobillo. – No vas a ir muy lejos pajarito. Nadie le roba los juguetes a San sin pagar un precio. – Le hace saber luciendo una cínica y babeante sonrisa. Eva, suelta a la niña para que pueda huir: – ¡Corre pequeña, corre y no mires a tras! ¡Pero yo quiero estar contigo! – Le replica la niña llorando. – ¡NO! ¡MI CIELO, NO! ¡AHORA CORRE! – Grita imperativa mientras propina varias patadas seguidas en la cara de su agresor con la pierna que le queda libre. La niña corre desconsolada y se pierde en las sombras. Sintiendo que no le circula la sangre en el tobillo y que le flaquean las fuerzas, mira al ser albino reclamando ayuda. Pero este, ajeno a los hechos, se retuerce de placer, revolcándose por el suelo, con su cuerpo irradiando una hermosa luz blanca y riendo sin poder parar a carcajadas histéricas. Ante semejante panorama, Eva, se ve pedida.
Cuando vuelve a mirar al individuo del traje de neopreno, asume que es su fin. Este, recuperado de las patadas que le asestó en la cara, empuña un enorme, reluciente y afilado cuchillo dispuesto a abrirla en canal.
¡NOOOO…! – Grita, contrayéndose y tapándose la cara.

De pronto, se hace el silencio. Eva, dejando de contener la respiración aparta las manos de su cara. Desconcertada, se mira el tobillo, hallando la mano sesgada del sádico aun agarrada a el. Sacudiendo nerviosa varias veces la pierna con brusquedad consigue apartarla y acto seguido, neurótica, se limpia el tobillo con las manos con expresión de desagrado en la cara.
Malamente se pone en pie, y al girarse, se topa de frente con el ser albino, sobresaltándose con el imprevisto. – “¡Ha sido intenso! Tenemos que repetirlo…” – comenta satisfecho, siendo bruscamente interrumpido por Eva – ¡¿Qué?! ¡Apártate de mi, monstruo! ¡Me mentiste! ¡Me dijiste que no era real! “Bueno, aquí, en el Nexo, sueño y realidad son una misma cosa.” – Aclara, encogiéndose de hombros como si tal cosa. Al oírle decir eso, envenenada por la ira, se abalanza sobre él. Pero, envés de colisionar con su pecho, penetra en la materia que lo forma, sin que a este le de tiempo de impedirlo. Viéndose, sin más, tumbada boca abajo en un suelo cubierto de césped.
Refunfuñando, escupe algunas briznas y se incorpora contrariada, encontrándose, para colmar su irritación, ante dos de esos cargantes seres albinos, estupefactos con su llegada.

Ilustración ©MarcoASantanaS 

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yrunay@gmail.com © Marco Antonio Santana Suárez