lunes, 4 de febrero de 2013

KO Por Aburrimiento


Este es el fin de mis diferencias con el Facebook, os cuento. Como expliqué en mi ultima entrada a este blog, he transformado mi cuenta de perfil personal de Facebook en “página personal” porque me estaba dando problemas y no quería perder el contacto con ustedes. El objetivo, desde un punto de vista general, se cumplió, no sin algunas bajas. No obstante, ahora estoy y no estoy en el Facebook, y os diré porqué. Resulta que no tengo un perfil personal en la citada red social, solo dos páginas personales. Si éstas no están asociadas a un perfil, pierdo el privilegio de acceder al muro principal, lugar al que van a parar todas las cosas que compartís. Por si no lo sabíais, “las páginas” no tienen acceso a vuestra información personal. Yo no puedo ver más, de lo que se ve, en un perfil, cuando éste, no te ha aceptado como amigo. No sé si me estoy explicando bien, el caso, es que ahora no soy persona, soy entidad, y las entidades no tienen amigos, tienen seguidores. No puedo pedir amistad, ni unirme a grupos, ni seguir a otras páginas. Las entidades no hacen eso, son las personas las que tienen esos intereses. Para resolver dicha anomalía, me lance, el pasado viernes, a crear una nueva cuenta personal sin saber lo que se cernía sobre mí.

Ilustración ©MarcoASantanaS
Ahí estaba yo, alegremente, rellenando mis datos, asociando mis páginas personales, solicitando ser aceptado en los grupos, en los que, en un tiempo, estuve aceptado, y que, casualmente, pude recuperar. Seleccionando “me gusta” en todas las páginas que contuvieran información de mi interés y solicitándoos nuevamente amistad, para recuperar la cercanía actualmente perdida. En fin, que la tarde transcurrió relajada, cliqueándo aquí y allá, hasta que, una vez, el perfil, empezó a tomar forma, me animé a compartir mi última entrada de este blog, en los grupos, que tan generosamente, ya me habían vuelto a aceptar.

Ilustración ©MarcoASantanaS
Mala idea amigos. Tan pronto empecé a compartir, las malditas ventanas emergentes, volvieron a resurgir, invadiendo mi pantalla como los helicópteros de Apocalipsis nao de Francis Ford Coppola invadían el cielo del Vietnam, con los épicos acordes de fondo, de La Cabalgata de las Valquirias, de Richard Wagner.

Ilustración ©MarcoASantanaS
Bombardeando, en cuestión de segundos, mi titánico esfuerzo por recuperar lo que una vez tuve, y bloqueando, a cal y canto, la nueva cuenta, hasta que supere una especie de endiablado test, en el que me van mostrando fotos de mis contactos, a ver si puedo reconocerlos a todos. Una tarea sencilla, si tienes un grupo reducido de amigos, pero, si por el contrario, tus contactos son quinientos o seiscientos, y muchos de ellos, son entidades sin animo de lucro, que usan un perfil personal, en vez de una página, para estar en contacto con los que les apoyan, o son personas, que prefieren no mostrar retratos suyos en la red, pero si comparten fotos de eventos en los que han estado o participado, la tarea se vuelve terriblemente complicada.

Vamos a ver, no nos engañemos, aunque el Facebook venda la idílica idea de que fue concebido para que familiares y amigos estuvieran en contacto, y aunque empezáramos abriendo una cuenta en él con dicha finalidad, al final, todos, hemos acabado haciendo amistad con personas estupendas, que están fuera de esa idea, conscientes, de que si no fuera por estos medios, nunca hubiésemos podido conocerlas. Diría más, una vez pasada la emoción inicial de reencontrar a los viejos amigos y parientes, la vida continua justo donde la habíamos dejado, y por más que los tengamos fichados, en una especie de álbum de cromos, no tratamos con ellos más de lo que ya lo hacíamos antes de reencontrarlos en el Face. Porque la vida no se detiene, sigue su curso, y aunque compartir momentos extraordinarios con ellos, fue una experiencia enriquecedora, es algo que, por circunstancias de la vida, difícilmente se va a volver a repetir. Simplemente, porque ya no somos los que éramos, podrán surgir nuevos encuentros, indudablemente, pero no serán aquellos encuentros. Probablemente, los nuevos, solo sirvan para recordar, en una charla distendida, lo buenos que fueron los pasados. Sin embargo, las amistades nuevas surgidas en dicho medio, abren un inmenso abanico de posibilidades, que nos mantienen expectantes he ilusionados, porque la necesidad de sociabilizar del ser humano no tiene limites.

Pues lo dicho, que me han bloqueado la nueva cuenta, y que gracias a mis páginas, aun puedo dejar mis entradas para que, el que guste, las lea. No creo que vuelva a crear perfil alguno en este medio, me conformo con lo que tengo, este tema me tiene aburrido. No me puedo permitir el lujo de perder mi valioso tiempo abriendo nuevas cuentas para que luego mes las bloqueen. Os aseguro, que no ha habido mala fe en mi deseo de compartir. No obstante, el sistema del Face no lo ve así, para él, solo soy un spam al que ha de cortarle las alas. Hay quien me asegura, que probablemente, alguien se ha sentido incomodo con mi comportamiento y me ha denunciado al Face, cosa que me cuesta creer, dada la inocuidad de mis envíos.

Entré, a regaña dientes, en Facebook, porque vivo lejos de la familia y ésta insistió en ello. Pero es posible, si las cosas no se tuercen, que vuelva a mi lugar de origen, a lo largo de este año. En consecuencia, la razón principal por la que entré, desaparece, y viendo como se está poniendo el patio, quedarme, me acarrea más molestias que beneficios.

Soy una persona pragmática, lo que no me es útil, no me interesa. Así de simple. No voy a entrar en una batalla campal con Facebook por no dejarme compartir a mis anchas. Facebook no es Internet, la red de redes es algo más que eso. El Face, solo es el Pup o Bar al que ibas a tomarte las birras hasta que les dio por subir el precio. Hoy está de moda y mañana no, como ha sucedido con tantas Web que ofrecían servicios parecidos. Nada es eterno. Las personas maravillosas que he conocido en él, no son de su propiedad. Igual que nos encontrábamos en él, nos podemos encontrar en cualquier otro sitio. El ciberespacio es inmenso, si aquí se ponen tontos, a otra cosa mariposa, que la vida está llena de curiosidades dignas de ser investigadas.

Dejo claro, que no voy ha cancelar mis páginas de FaceBook, como ya he dicho, me conformo con lo que ahora tengo. Mantendré el contacto con los que me seguís por ese medio hasta que os aburráis de mí.

Os estoy enormemente agradecido por aceptarme y soportarme estos años. Eso dice mucho en favor vuestro. He tenido la fortuna de topar con un montón de buena gente. No tenéis porque seguirme, si no lo deseáis, no soy el gurú de nadie, pero si en algún momento echáis en falta a este navegante, ya sabéis donde encontrarme.

Siempre he tenido claro, que lo mío, no es navegar en una charca. ¿A dónde creéis que iría a parar mi botella en un espacio tan reducido?... Os aseguro, que de la otra orilla no pasaría. Flotaría, sin más, hasta la llegada de la temporada de sequías. En las que el sol, inclemente y castigador, evaporaría el agua, haciéndola encallar en el lodo ponzoñoso. Donde el calor azotador eliminaría hasta la más minima partícula de humedad. Brindándole, un entorno reseco y agrietado, en el que, sumida en el abandono, se fosilizaría en el polvoriento mar de los tiempos.

No, yo necesito espacios abiertos, donde la brisa me golpee la cara, las olas salpiquen mi ropa y las corrientes transporten mi vehiculo inusual a confines insospechados. No creo en la cascada del fin del mundo, creo en los horizontes sin límites. Con la brújula siempre señalando hacia las puestas de sol, con el timón siempre en pos de su luz, con la popa siempre abrazada por su calor. Porque, amigos míos, yo soy un hombre en una botella, no un pez en una pecera.

Bon voyage, mes amis.

Ilustración ©MarcoASantanaS
No dudes en comunicarme cualquier error que halles en mi escritura. Toda contribución a mi cruzada será bien recibida. 

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