viernes, 22 de marzo de 2013

Una Cuestión De Actitud

Hoy me he despertado sintiéndome diferente. Últimamente ese sentimiento suele repetirse con cierta asiduidad. Se diría, sin ánimo de atentar contra la prudencia, que empiezo a dejar de sentir miedo a exteriorizar lo que bulle en mi interior. Es más, me atrevería a decir, que en ciertos momentos, mi niño interior sale de su escondrijo con el único fin de hacerme compañía en mi acuífero viaje, liberándonos, a ambos, del influjo del espíritu de la soledad.
Animado por esa sensación de bienestar, he cogido el portátil y me he ido a buscar una cafetería en la que sentarme a teclear. La desventaja de trabajar en casa, es que, a veces, necesitas excusas para salir a disfrutar de la brisa y la preciosa luz solar.
Ya en la calle, en plena incursión por las zonas de desayunos de “Guiri-landia”, me he cruzado con un conocido, el cual, al verme, me ha comentado desenfadado: – ¡Oye! ¡Que me he enterado de que tienes un blog! – Eso parece – Le he respondido, sin ánimo de profundizar demasiado en el tema, mientras insistía: –  ¿Qué hace un tío con la cabeza llena de pájaros con un blog? – Pues, organizar a los pájaros, que no es poco. – Aclaro, finalizando el intercambio de palabras, cortes pero cortante, sin pararme demasiado por no dar pie a más indagaciones incomodas. Y aunque deba admitir, que mi respuesta fue más fruto de la improvisación que de la razón, surgida como escudo defensor ante una situación non grata, la susodicha, no está exenta de verdad. Llega un momento en la vida, en el que comprendes, que no puedes seguir dejando que esa ruidosa bandada de alegres trinadores ande suelta sin control en tu sesera.  Por lo que, aferrándote a un atisbo de cordura, decides tomar el control de la situación poniendo un poco de orden. Ya que, de seguir así, probablemente, podrías acabar majareta perdido con el ruido interminable de los trinos.

¿A caso soy el único que necesita ordenar sus ideas para darle sentido a su insulsa existencia?... No lo creo.

A fin de cuentas, que más da si tengo un blog o no lo tengo. Que importa si lo leen o no lo leen. Lo que cuenta, a mi modo de ver, es que he encontrado un instrumento que me ayuda a exorcizar fantasmas, a transmitir ideas y a compartir mis humildes creaciones artísticas sin depender de nadie, más que de mi disponibilidad al respecto. Simplemente, es una actividad que me hace feliz. Un pasatiempo, un hobbie. El resto, me es irrelevante. De hecho, he llegado a un punto, en el que solo me preocupo de subir las entradas nuevas y, “tararí que te vi”, me desentiendo hasta que vuelvo a tener algo nuevo que contar. Sé que esa actitud me distancia un poco de mis propósitos, no obstante, confío en que sea una dejadez pasajera. 
Debido a ese abandono, me suelo sorprender cuando encuentro sitios en Internet como el que veréis si seguís el siguiente enlace: (http://www.pageinsider.com/marcoasantanas.blogspot.com.es). Lo encontré, por casualidad, jugando a buscar mi nombre en clave: “MarcoASantanaS” con el Google. Según esa web, mi blog, a día de hoy, le gusta a 40.891 personas en el FecaBook. Cifra que no concuerda, ni por asomo, con las entradas en mi blog, ni con los “me gusta” de la versión de la citada red social. Raro, raro, raro… ¿No les parece?...

Con la citada búsqueda, también descubrí un total de ocho páginas de descargas piratas, que se nutrían de las pocas canciones que subí el pasado año a “goear.com”. Eso me sorprendió más que lo de las estadísticas, porque, aunque a mi me satisfagan, hay que estar muy desesperado para incluir las canciones de un don nadie en una web de descargas.
El suceso no me quita el sueño, no obstante, aunque las grabaciones no sean para tirar voladores, seré prudente y buscaré la forma de desvincularme de esa web. Sobre todo, ahora que he encontrado un reproductor Flash que se nutre de los mp3 que ubico en mi “Google Site” y que he hallado el modo de hacer que mis grabaciones caseras tengan un volumen aceptable.

Volviendo al asunto de los pájaros, parece que no termino de librarme de esas personas que no entienden, que ser Disléxico, va más allá de vivir impregnado de cierta áurea de despiste. Y es que, cómo explicar, sin que me miren con escepticismo, que una parte de mi cerebro que se suponía debía estar activa, no lo está, y que en su lugar, otra, que en teoría permanecía dormida, despierta con la atrevida finalidad de emular las funciones de la parte inactiva. Fracasando estrepitosamente en su empeño, al verse incapaz de conseguir el grado de eficiencia requerido para cumplir con el cargo que la ausente debía ostentar. Posiblemente, porque la altruista parte de mi cerebro, que reacciona en pos de mi rescate, no fue concebida para desempeñar la supuesta función, o porque, a ésta, le queda tan lejos el problema, que el recorrido que se ve obligada a realizar para resolverlo, se le hace agotadoramente largo, mermando sus capacidades.

Menuda parrafada, nadie tiene gana de oír esas cosas. Lo que todos buscamos, son encuentros desenfadados, o cuando menos, entretenidos, que nos ayuden a romper con nuestras rutinas cotidianas. En consecuencia, lo saludable, es hacerte un poco el loco con el tema y esquivar, con una amable sonrisa, a esos simpáticos obtusos que buscan regodearse públicamente de tus torpezas, para alejar las miradas inquisitivas de las suyas.

Que lastima que solo se destaque el lado oscuro de la Dislexia. Pues, con el proceso anteriormente expuesto, más que perder aptitudes remplazamos unas por otras. Nuestra inteligencia se amplifica, aunque no podamos presumir de ella, y los motores de la imaginación, remodelan nuestra percepción del mundo como ya quisieran muchos. Generando, un modo de pensar basado más en la recreación de imágenes que en la abstracción de las ideas. Y eso, amigos míos, tiene su peso en oro. Yo no sé ustedes, pero a mí, esa parte me flipa hasta el punto de no querer ser de otro modo. A pesar, de que luego tenga que estar ejercitándome para mejorar mis limitaciones.

Eso me recuerda, que no hace mucho, me reprocharon, que uso muchos “Clichés” en mis escritos. Je, je… Seguramente tengan razón, no obstante, como tantas otras nimiedades imprevistas, me es indiferente. He creado este reino con el fin de ir mejorando poco a poco. Aquí, todo está en constante renovación. No tengo mayor meta que limitarme a navegar, avanzando sin más, hacia un horizonte sin fin. Hoy aprendo una cosa, mañana la olvido, pero pasado la vuelvo a recordar, en un constante y evolutivo entrenamiento de mi oxidada memoria. Donde las arandelas de mi cerebro no dejan de chirriar, porque pierden  excesivo engrase con el esfuerzo que realizan mis enlaces neuronales a la hora de prender la llama del conocimiento. En un titánico despliegue de energía que me deja exhausto, repercutiendo, en una imperiosa necesidad de tumbarme a recuperar el combustible perdido. Ya que, en caso de no hacerlo, mi receptividad mermaría notablemente, los fonemas brotarían confusos de mis labios, ajenos a mi voluntad, y el dolor de cabeza seria tal, que el calificativo de migraña se quedaría ínfimamente corto a la hora de describirlo.

Se me ocurre, que quizá, si lo del Cliché se lo hubiesen dicho a un profesional de la escritura, éste se lo hubiese tomado de peor humor. Yo, como, a parte de Disléxico, soy Diseñador Gráfico, lo encuentro divertido. Sí, entiendo que usar “Clichés” se considera un defecto en el mundo de las letras, pero en mi oficio, un cliché es un negativo, y como tal, es la fuente de información de lo positivo. Abreviando, todo lo que necesito para obtener un buen positivo proviene de un negativo. En ese caso, si lo que escribo está lleno de “Clichés”, quiere decir, que estoy en el mejor camino para obtener algo positivo de lo hago.

Efectivamente, soy del equipillo de los que ven el vaso siempre medio lleno. Porque entiendo, que la felicidad es una elección, una actitud, un enfoque, algo que solo depende de nosotros. Nada, ni nadie, puede aportarnos felicidad, si la semilla de ésta no anida de antemano en nosotros. Imponer condicionantes a los que nos rodean para que actúen según lo que consideramos que nos va a reportar gratificantes dosis de dicha emoción, no solo genera un malestar continuo en los afectados por dicho acto dictatorial, sino que, además, provoca en ellos, un instintivo sentimiento de rechazo, que les hace repelernos, distanciándose de nosotros, a modo de defensa psíquica, por pura salud mental.

Todos nos quejamos, de que cuando las cosas nos van realmente mal, es cuando más solos nos encontramos. Pero no se nos ocurre pararnos a pensar en la actitud que estamos proyectando en los demás. Eso cuenta mucho, una actitud positiva ante la adversidad hace que los demás se acerquen a arroparte, más que con una actitud derrotista. Porque, el que más o el que menos, sabe lo dura que puede llegar a ser la vida, y verse bombardeado por problemas propios y ajenos no es la mejor forma de transitar por ella.

Personalmente, en el citado caso, opto por ver el vaso medio lleno, consiguiendo, por lo general, mantenerme a flote con cierta predisposición, latente, a remontar en ascensión vertiginosa a los cielos, haciendo oídos sordos al reclamo de los infiernos. Saber escoger en la dualidad constante que rige la continuidad de este ineludible viaja, en el turbulento universo de las emociones, es un requisito indispensable para no perder el rumbo de la botella. Es por ello, que gusto de trazar rutas constantes hacia las maravillosas y esperanzadoras puestas de sol. Y si tuviera que quejarme de algo, quizá lo hiciera, precisamente, de esas personas que se niegan a tomar una actitud positiva ante la adversidad. Hallando, tristemente, su razón de ser, en el regodeo de revolcarse en sus propias miserias. Salpicando peligrosamente a los incautos que se les acercan, hasta decir basta, y frenado con su lastre cualquier iniciativa común de alzar el vuelo.

Amigos míos, yo no poseo doctorado alguno, mis estudios son mas bien escasos, por lo que doy por sentado, que más de uno, pasa casualmente por aquí, echa un vistazo, exclama: - ¡Uh! ¡Dislexia! ¡Que mal rollo! – y no vuelve más, deseando olvidar lo escasamente leído. Sin embargo, mi ilusión permanece intacta, porque los pocos que os quedáis a leer, saciáis con creces mi inquietud.
Es por ello, que todo lo que soy, os es ofrecido con gentileza, altruismo y desparpajo, si acontece, en este humilde blog. Navegando, a la deriva, en los impredecibles mares del ciberespacio. Enfrascado en mi botella, compartiendo pensamientos y otras chucherías, que se nutren de la noble sabiduría que aporta la doctrina de la experiencia. Con la cual enriquezco, a grosso modo, mis descalabrados textos, con una atmósfera distendida de grato optimismo.

Ilustración ©MarcoASantanaS
No dudes en comunicarme cualquier error que halles en mi escritura. Toda contribución a mi cruzada será bien recibida.