martes, 18 de junio de 2013

“La Hiperactividad Que No Se Ve” Por Sara Gómez Barrial

¿Su hijo es hiperactivo con TDH?... Medíquele, así no les molestará, ni en la casa ni en el colegio, se concentrará y aprobará.

La gran preocupación de este siglo, es tener éxito académico sin importar las consecuencias. Aunque esté permitido dar la tan conocida pastilla, tanto a niños como adolescentes, no deja de ser una “droga legal”. ¡Los relaja, claro que sí! ¡Y de que modo…! Privándoles de la capacidad de hacer cosas que demandan toda su energía. Sacrificando en el camino la gran creatividad que tanto les caracteriza y dejándoles, a cambio, la amarga frustración de haber perdido las alas.
¿Por qué no buscamos otras soluciones? ¿Qué tal la enseñanza multidisciplinar para conocer sus habilidades? las cuales se truncan para dar paso a niños pasivos, sentados sin moverse durante horas.
¿Y si seguimos con las pastillas? no vaya a ser que fastidien: sentándose y levantándose, mordiendo el lápiz, poniendo la silla a dos patas, moviendo la pierna, aburriéndose al leer más de 10 minutos seguidos; es decir, sufriendo las ataduras sin bridas, pero como si las tuvieran, pues es así como se sienten en sus mentes.
¿Y si les enseñamos a concentrarse cada vez que tienen ataques de ansiedad y empiezan con sus idas y venidas? ¿Cómo? Haciendo ejercicios de respiración, durante unos minutos, hasta que vuelvan a controlar la situación.
¿Y que tal si les ayudamos con la grafología para corregir ciertos hábitos erróneos, que a través de los años, se han instalando en sus mentes, y de éste modo, puedan controlar sus actos, y lo que es más importante, sus vidas?...
¿Y si les animamos a hacer cualquier tipo de deporte que les guste y les ayude a canalizar esa gran energía que acumulan dentro?...

¿Por qué os cuento esto? Porque hubo una persona, muy importante en mi vida, que fue niño, adulto y anciano hiperactivo. Cuyos nietos, heredaron su código genético, y del cual, no puedo evitar preguntarme, ¿cómo le canalizaban esa energía desbordante en su niñez, pues, con la represión que conoció en los colegios donde imperaba la disciplina severa, en la que todos debían seguir la misma línea educativa, no valía salirse del círculo establecido?...
Del mismo modo, ¿cómo sería el trato recibido en su adolescencia, pues, es una etapa en la que las experiencias están en plena ebullición, dando cancha a la rebeldía y la agresividad bajo la premisa “haga lo que haga, todos creen que soy malo, malísimo, y en consecuencia, les incordio, revelándome contra tanta represión.”?
Ya de adulto, aprendió a autocontrolarse, no sin ciertos ataques de ira y de genio incontrolable, era como si llevara una bomba a punto de estallar en su interior, y le apremiara, la imperiosa necesidad de expulsarla de su mente para poder sentirse liberado.
De anciano… ¡Ah! De anciano llegó la solución a sus problemas, una pastillita que le dejaba relajado durante una temporada, hasta que volvía a su mente la rebeldía adormecida, y entonces, se negaba a tomarla. Con lo cual, aparecía el síndrome de abstinencia y nos veíamos teniendo que convencerle para que volviera a tomarla, pues su corazón y su mente sufrían.
¿Cuál era el motivo que le empujaba ha dejarla de golpe, si se suponía, que tenía que sentirse mejor?... Emocionalmente, no se sentía bien. Notaba que le faltaba la “energía” para desarrollar las actividades que tanto gustaba realizar, a pesar de su avanzada edad, con suma diligencia. Con las pastillas se notaba aletargado, sabía que ese no era él. Hasta el fin de sus días mantuvo esa lucha interna que pocos supieron comprender.

¿Realmente vale la pena tanto sufrimiento “innecesario”?... ¿Habiendo otras técnicas naturales a nuestro alcance, compensa permanecer toda una vida enganchado a la farmacología?... ¿Tanto dinero mueve el TDH que no interesa fomentar otras técnicas?...

Me gustaría que estas reflexiones sirvieran para concienciar sobre el problema, ya que éste, es más profundo de lo que se da a conocer.

Ilustración ©MarcoASantanaS
No dudes en comunicarme cualquier error que halles en mi escritura. Toda contribución a mi cruzada será bien recibida.

Si eres disléxico, Padre, Madre o pariente de disléxico y deseas compartir tu experiencia, no dudes en enviármela al siguiente correo: yrunay@gmail.com Poniendo en asunto la palabra “Testimonio” y yo la publicaré en mi blog para que no caiga en el olvido.

Del mismo modo, si eres un profesional en dicho campo, no te cortes en enviarme, tus opiniones u observaciones sobre los casos publicados al mismo correo: yrunay@gmail.com Poniendo en asunto la frase “La Voz Del Profesional” e igualmente serán publicadas en mi blog.

La invitación está hecha. Ahora depende de vosotros hacer que la iniciativa salga adelante. No olvidéis que somos más de los que creemos. Ayudándonos a nosotros mismos, ayudamos a los demás. Entre más se hable de la dislexia, más resonancia tendrá en los medios. Uniendo nuestros testimonios, quizá, creemos un solo testimonio. Un testimonio con la relevancia suficiente para ser oídos por aquellos que, sencillamente, no saben viajar en botella.