domingo, 27 de abril de 2014

Mi Pan De Cada Día

Sí, lo sé. No es fácil navegar por éste mar de oscuridad que nos ha tocado surcar. –"Pero… ¿Cómo no quejarnos?"– Me ha dejado caer alguno con relación a mi última entrada.
Sé, lo frustrante que resulta tener que preguntar por la localización de una calle y, al tiempo, sentir como toda la información que el supuesto interlocutor os da, entra por uno de vuestros oídos y sale por el otro en un “plis plas”. Por lo que, resignados, dais las gracias como si os hubierais enterado de todo, continuando vuestra odisea, hasta encontrar a otra alma caritativa que se digne a apiadarse de vuestro infortunio, y se preste, gentil, a informaros, quizá, de un modo que os resulte fácil entender.
Sé, lo cargante que resulta para otras personas, el tener que repetiros las cosas más de una vez, con el único fin, de que podáis llegar a retener lo máximo posibles de la información que os trasmiten. Yo mismo, soy un autentico desastre en ese punto. Cuando mi mujer me pide que me encargue de la compra o, pongamos por caso, gestionar algún tipo de papeleo rutinario, como matricular a los niños en un curso, hacer un ingreso o transferencia bancaria, cumplimentar los formularios de empadronamiento, etc. Siempre insisto en que me lo dé todo por escrito, más que nada, para que no haya lugar a malos entendidos o despistes de última hora.
Es tal la confusión que puedo llegar a albergar, que la última vez que tuve que pasar por el banco, en compañía de mi mujer, me quedé dormido, a plomo, por puro agotamiento mental, a causa del parloteo financiero del gestor de turno. ¡Que sopor, Dios mío! Fue algo superior a mis fuerzas. Oír a aquel tipo enchaquetado, con su monótona verborrea sobre no sé qué de los intereses a corto o largo plazo, me fulminó en cuestión de segundos. Lo último que recuerdo del suceso, tras recomponerme, fruto de un certero y doloroso codazo en las costillas propinado por mi esposa, a la voz de: –¡Espabila!– fue el bailoteo de los labios del sedante gestor, mientras me sumía, en caída libre, en un silencioso letargo, rumbo al reino de Morfeo.
Sí, así de patético puedo llegar ser. Es mi pan de cada día. De hecho, podría seguir hasta la saciedad describiendo situaciones que nos son familiares a todos.
Así pues, que me vais a contar que yo, como vosotros, no haya vivido ya. Por ello, insisto tanto en no estancarnos en el lado negativo de lo que somos. En el regodeo de nuestras miserias. Olvidad lo vivido, lo sucedido en el pasado ya no tiene vuelta atrás. Aferraos al momento presente, adoptando una actitud positiva ante las cosas. Reíros de vosotros mismos, sin perder el tiempo pensado en como será el mañana. El futuro no importa, importa lo que hagáis ahora, porque el ahora define el mañana. Ese es el único camino bueno a seguir, el resto, solo os acarreará más desdichas. Y no creo equivocarme al decir, que de ellas, ya vamos más que sobrados.

Recordad, que por muy oscuro que creáis que es el lugar en el que os habéis refugiado, no podréis evitar que la esperanza os alcance. Ya que ésta, es la fuente de luz que nos hace seguir adelante, y cuanto más la rehuimos, más se empecina en seguirnos a todas partes.

Ilustración ©MarcoASantanaS
No dudes en comunicarme cualquier error que halles en mi escritura. 
Toda contribución a mi cruzada será bien recibida.

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yrunay@gmail.com © Marco Antonio Santana Suárez

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