lunes, 12 de mayo de 2014

El Don

En una conversación del "Face" sobre dislexia, ley una observación, de una compañera de viaje, en la que decía que le resultaba molesto que calificasen la dislexia como un don. Es posible que haya personas que así lo crean, no obstante, para los que la padecemos, está claro, que no lo es.
Con ello, no digo que sea un defecto, nada más lejos de mi intención, más bien, es una peculiaridad que poseen un tipo de personas. Unas personas, que involuntariamente, se han visto relegadas al olvido en un diseño social pensado para un grupo mayoritario de individuos, que nada tienen que ver con la visión del mundo que los disléxicos poseemos.
En este diseño social, uno no va por ahí gritando a los cuatro vientos que es disléxico. Más bien, se lo calla o lo comenta con la boca pequeña, pues no es algo de lo que se sienta orgulloso. Como he comentado más de una vez, acarrea más inconvenientes que beneficios. Me viene a la cabeza, justo en este momento, una entrevista de trabajo a la que me presenté, allá por el 2001, en una agencia de publicidad, en la que me recalcaban con vehemencia la importancia de "picar texto" con corrección. ("Picar texto" es una expresión que usamos en diseño cuando hay que escribir una gran cantidad de texto.) Yo les comenté, que como norma general evitaba ese tipo de tareas, que era preferible que el cliente enviara sus textos redactados en un documento electrónico. Un word, pdf o algo parecido. El entrevistador, percibiendo mi incomodidad con dicho tema, se empecinó en indagar en ese punto en cuestión, dejando de lado mis otras cualidades, pues no entendía el por qué de mi rechazo a desempeñar esa tarea. En aquel entonces, yo desconocía mi dislexia, pero era perfectamente consiente de lo complicado que me resultaba escribir sin errores. Por ello, en vista del rumbo tomado en la entrevista por mi interlocutor, empecé a sentirme terriblemente incomodo. En un acto de desesperación abrí mi carpeta y empecé a mostrarle algunos de mis diseños, con el fin de hacerle entender que estaba perfectamente cualificado para desempeñar el trabajo que ofrecían. Pero para el entrevistador, eso ya carecía de importancia, si no era un sumiso picador de texto, ya podía hacer ecuaciones cuánticas con los ojos vendados, que él no iba a dar su brazo a torcer. Visto el panorama, recogí mis cosas, de imprevisto, y me marche antes de qué me dieran carpetazo. (Una simple cuestión de orgullo.) Dejando a aquel tipejo, con un palmo de narices y el fastidio de no haberme despachado él primero. 

Sirva de ejemplo lo expuesto: Obtener trabajo siendo disléxico es más complicado que no siéndolo. ¿Si la dislexia fuera un don, no nos sería más fácil encontrar trabajo a los disléxicos que a los que no lo son?… Bien es cierto, que la mala ortografía, no es un problema exclusivo de los disléxicos. Hay muchas personas que no la padecen y que igualmente cometen faltas. La diferencia radica, en que el no-disléxico es capaz de asimilar esa información si se pone en ello y el disléxico no. Por la sencilla razón, de que su cerebro, sea por el motivo que sea, es reacio a asimilar ciertos conceptos que para los supuestamente "normales" son pan comido. El que nace disléxico, muere disléxico. Ésta, se puede disfrazar, tengo entendido que hay didácticas pedagógicas pensadas para ayudar a asimilar esos conceptos conflictivos. Sobre todo para los niños, que son más moldeables. Sin embargo, eso no hará que dejen de ser lo que son: Unas personas con ciertas peculiaridades ajenas al resto de los mortales.

Ilustración ©MarcoASantanaS
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yrunay@gmail.com © Marco Antonio Santana Suárez

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