domingo, 24 de agosto de 2014

Bitácora Sin Título

Como ya es costumbre, comienzo disculpándome por mi tardanza en publicar una nueva entrada en éste mi pequeño rincón del ciberespacio. Donde  mi reino de fantasía habita a sus anchas en contrapartida con una lacónica realidad que no cesa de vapulearme a su antojo, como imagino que hará con la mayoría de vosotros que fieles me seguís con suma discreción. Debido a ello, me he visto obligado por dicha circunstancia a endosar las listas del paro, en pro de una estabilidad económica que augura no ser fácil de alcanzar. A pesar de ello, mi tiempo sigue estando supeditado por otras responsabilidades ineludibles que reclaman fervientemente mi atención. Algunas de esas responsabilidades tienen nombres y apellidos, que no citaré por respeto a la intimidad. El hecho, es que mis Chukis me están acaparando más de lo habitual. Es verano, no hay colegio y reclaman diversión. Son muchas las actividades que hemos hecho juntos y aun nos queda tiempo para más. De ellas resaltaré el visionado de la franquicia X-Men, la cual hemos disfrutado de lo lindo, porque me ha hecho recordar lo mucho que me gustaba leer cómics cuando era niño. Mi serie favorita era precisamente esa, “La Patrulla X" conocida hoy día como los "X-Men". Un grupo de seres marginales con cualidades especiales. Es curioso, pero no puedo evitar ver un descarado paralelismo entre el modo en que se plantea la vida personal de estos personajes y la de los disléxicos. Bueno, seamos justos, el paralelismo es valido para cualquier persona que se vea involuntariamente marginada por el resto de la sociedad, por el mero hecho de ser diferente, pero claro, por la parte que me toca yo lo asocio a mi experiencia vital personal. De haber sabido entonces que era disléxico hubiese creado un grupo con mis amigos llamado "Los Disléxicos-Men" o "La Patrulla Disléxica” ya que los disléxicos también poseemos un factor “X” en nuestros genes que nos hacen diferentes al resto de los mortales. Pero como no lo sabía, jugaba, mas bien solo, a ser “El Vigilante”, otro de los muchos personajes de ficción del Universo Marvel, con el que me sentía identificado. Un ser de poderes cercanos a la omnipotencia que se limitaba a observar los eventos del universo sin interferir en ellos. Este último encajaba mejor con mi forma de ser. No seáis mal pensados, pillines, no me identificaba con él por su omnipotencia sino por su capacidad analítica de observar los acontecimientos desde fuera sin intervenir en ellos. Mas que nada, porque yo soy de esa clase de personas que observan el comportamiento de las masas pero jamás las siguen. Me gusta pensar con libertad, sin el pesado lastre de los dogmatismos religiosos, políticos y demás formas diseñadas para controlar a la humanidad, e ir por la vida sin ataduras haciendo uso única y exclusivamente del sentimiento de la razón. Sé que por ello se me puede tachar de Librepensador, pero no me importa. Los Librepensadores fueron los padres de las libertades individuales, las ideas republicanas, los derechos humanos, el laicismo. Les debemos el habernos librado de las creencias que mantuvieron al ser humano oprimido durante muchos siglos. Pero no nos olvidemos de mi ídolo “El Vigilante”, a parte de la cualidad ya citada, poseía la capacidad de pasar inadvertido, y eso me encantaba, pues mi sino siempre ha sido el de pasar inadvertido. No culpo a nada ni a nadie por ello. Yo soy el único responsable de dicha consecuencia. Pues la cruda realidad es que nunca he dejado de ser aquél niño asustado que hacia lo que fuera por no atraer la atención sobre si mismo. Quizá fuera ese el oculto motivo por el que rechace propuestas de grupos, representantes y discográficas locales allá por los ochenta. Aceptarlas hubiese implicado salir de la botella, y la verdad sea dicha, llevo tanto tiempo viviendo dentro de ella que ya no se vivir fuera de la misma. Sí, lo sé, la genialidad embotellada solo sirve para encriptar sueños, esperanzas y ambiciones. Ensordeciendo el mensaje original y desvirtuando el proceso de el noble propósito que hoy me embarca en este imaginativo viaje. Que os puedo decir, a medida que envejezco me voy cansando de luchar. Como el que se revuelve frenético por salir de una ciénaga hasta que comprende que sin ayuda jamás conseguirá salir de ella, por lo que se abandona a su suerte sin remisión. Así golpeando las paredes de mi botella a modo de insecto atrapado tras un cristal, complemento de una ventana que tiempo atrás le permitió entrar pero que hoy le priva de su libertad, anhelo a gritos sordos ser el que pude haber sido y no fui, sumido en una agridulce melancolía que me zarandea a la deriva en este turbulento mar de la vida, del que habitualmente me nutro para evocar mis discretas incursiones en este reino de fantasía. Sin embargo, ese estado emocional no consigue acabar conmigo, la dolorosa lucha interna entre lo que durante años me hicieron creer que era y lo que me consta que soy en realidad se mantienen latente en mi, en un remolino de sentimientos contradictorios enzarzados en un tenso pulso que hasta la fecha no han dejado de marcar la diferencia a mi favor. Por lo cual este náufrago del mar de la vida se sigue agarrando a lo que pueda para salir adelante, atreviéndose a combatir su dislexia en este blog respaldado por los correctores ortográficos, los lectores automáticos de texto, los reconocedores de voz, algunas Webs de diccionarios, sinónimos y conjugaciones, y, como no, vosotros, un maravilloso y gratificante grupo de incondicionales que se dignan a leer lo que este navegante torpemente plasma a modo de bitácora sobre un inusual viaje en una botella.

lustración ©MarcoASantanaS
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yrunay@gmail.com © Marco Antonio Santana Suárez