viernes, 18 de diciembre de 2015

Autoanálisis ;-)

Hola a todos, nuevamente, este navegante, se embarca al son de las mareas con sus Bitácoras de Autoanálisis, con el único y sano fin, de entender la dislexia que le domina desde su más tierna infancia. Así, compartiendo su visión del mundo a través del prisma de la misma, saca partido de la cualidad de padecerla para ayudar a otros a entenderla desde dentro, desde su origen. Es así, que partiendo de la premisa de que ayudar a los demás es ayudarse a uno mismo, se afana en compartir sus experiencias y razonamientos (siempre que le es posible) con aquellos que así lo deseen. Confiando siempre, en que dichas cuestiones puedan ser de utilidad para el que lo precisé.
Lo normal es que inteligencia y memoria vayan siempre unidas de la mano. Una no suele estar reñida con la otra, salvo si eres disléxico. En ese caso, la inteligencia y la memoria van cada una por su lado. Soy de la opinión de que los disléxicos vamos sobrados de inteligencia, lo que nos falla es la memoria, la capacidad de almacenar conocimientos con fluidez. Nuestros enlaces neuronales se desunen con la misma facilidad con la que se unen si no nos esforzamos el doble que la mayoría en retener la información, lo cual, nos hace quedar por debajo del betún allí donde deberíamos deslumbrar. Ante ese panorama, es fácil rendirse ante los hechos, tirar la toalla sin plantar cara a la adversidad y dejarse arrastrar por las corrientes caudalosas de nuestro destino sin hacer nada al respecto. Os lo dice un hombre que navega al son de las mareas pilotando una botella con un timón meramente decorativo. No obstante, este maduro disléxico se niega a dejarse arrastrar, aun sabiendo, que su destino en este universo imaginario es danzar al son de las mismas. Y es que la condición de disléxico nos lleva a sentirnos vapuleados con más frecuencia de la que estamos dispuestos a asumir. Nos obliga a ir a tientas por el mundo. Sin tener nunca la certeza de estar haciendo las cosas como se supone que el resto de los mortales las hacen. Vivir presos en las mazmorras de la incertidumbre es deprimente, lo sé, pero déjenme deciros que ello no nos impide extender nuestras alas, alzar el vuelo y explorar universos paralelos llenos de alternativas de supervivencia que solo nosotros podemos ver. Pues con la madurez he aprendido a observar las cosas desde fuera. A verme tal cual soy, no como los demás acostumbran verme. Tened en cuenta que la verdad solo duele cuando es la consecuencia de una mentira. Si por una comprensible necesidad de ser aceptados nos negamos a asumir nuestra condición aunque esta se estampe constantemente en nuestras narices, flaco favor nos estaremos haciendo. La aceptación es el primer paso para mejorar. Ello no quiere decir, y lo he comentado infinitas veces, que abracemos una actitud de auto compasión negándonos a hacer determinadas cosas porque lo que somos nos lo impide. Yo, personalmente, me niego rotundamente. No tengo ni la más mínima intención de vivir esta extraña y corta vida regodeándome en mis miserias bajo un patético abanico de quejas. Ni me encasillo, ni permito que los demás me encasillen. Si tropiezo y caigo, me levanto, me sacudo el polvo y continuo adelante, siempre me las he apañado para resurgir de mis cenizas. Reinventarme es mi razón de ser. Por ello, eludo sin titubeos las etiquetas, por ello evito con firmeza los “yo soy”. Porque, por ser, soy muchas cosas, y es el conjunto de ellas las que me conforman. Una mera cualidad como la dislexia no me define. Solo es una cuestión, como tantas otras, con la que he de lidiar en mi vida.
Como ven, el ser honesto con uno mismo facilita el rumbo a tomar, no obstante, desplegar dichas velas tiene su precio. No voy a mentiros. Cuando reuní el valor para hablar abiertamente de mi dislexia tuve que asumir que muchas personas de mi entorno empezarían a mirarme de otro modo. Y una vez empecé a publicar mis bitácoras en la red así sucedió. Era inevitable, a las personas les cuesta entender lo que no pueden ver. El escepticismo, reina a sus anchas en nuestra sociedad moderna, y poco o nada podemos hacer al respecto. No sé ustedes, pero a mi me es indiferente. Mi intención nuca ha sido convencer a nadie de nada. Solo buscaba el modo de sincerarme conmigo mismo y, al tiempo, mejorar mis deficiencias con la practica. Porque escribir se me da fatal, y si es a mano, no te cuento. Seguro que en ello influyen otros factores, no solo la dislexia, como podría ser mi penosa caligrafía y mi vergüenza a exhibirla públicamente. Este temor a influido poderosamente a la hora de abordar el mundo de las palabras apoyándome en las sofisticadas muletas de las nuevas tecnologías. Admito sin reparos que mi mundo sin la informática no seria el mismo. Esta me ha salvado la vida, ya que cuando empleo los métodos tradicionales, no puedo evitar estamparme de bruces contra la cruda realidad. Sorprendiéndome, a mi mismo, con errores garrafales en mi ortografía que me hunden emocionalmente en la miseria, e impulsan a mi yo interior a gritar de impotencia: ¡Dios! ¡Quiero ser normal!. Y es que, es extremadamente fácil, olvidar que eres disléxico cuando usas los medios informáticos. Tanto es así, que en mi regocijo, bendigo abiertamente a los creadores de esta mágica ciencia que me hace sentirme un ser completo.
Y ya que he hecho mención a el escepticismo de nuestra sociedad moderna, aprovecharé para confesar que yo mismo soy muy escéptico en muchas cuestiones. Sin adoptar una posición radical ante lo que no comprendo, mantengo una actitud abierta, receptiva, sin decantarme por unas o por otras. Soy de los que no se dejan arrastrar por ningún tipo de doctrina e ideología. No me caso ni meto la mano en el fuego por nadie, porque parto de la base de que todo es cuestionable. Os cuento todo esto, porque es curioso, que siendo como soy, haya creado este blog. Muy a mi pesar, soy consiente de que si no fuera por los síntomas de dislexia latentes de siempre en mi persona; dudo mucho que creyera en ella del modo en el que lo hago. En ese aspecto no me reconozca a mi mismo.  Y es que a un ser tan escéptico como yo le resulta fácil entender a los que no creen en ella. Aunque ello implique tirar piedras en mi propio tejado. Lo cual no quiere decir que me agrade tanta falta de empatía. Pues, como he dicho, una cosa es no creer y mantener una actitud abierta de comprensión hacia algo que no comprendes, y otra muy distinta, es no cree y cerrarte en banda en una actitud de rechazo social hacia algo que consideran una soberana falacia promovida por un grupo de pirados, fruto de la necesidad de justificar su incompetencia ante el sistema educativo establecido.
A los disléxicos nos cuesta horrores administrar nuestro tiempo. Y si la organización del mismo implica coordinar con otras personas la tarea se puede complicar más de lo previsto. Diciendo, que cuando mi mujer empieza a contarme toda la nueva programación anual de nuestros Chuquis no doy pie con bola, creo decíroslo todo. No consigo hacerme una idea de lo que me cuenta hasta que me veo inmerso en la faena en cuestión. De hecho me agobia mucho escucharla. Suena mal decirlo pero es así. A pesar de que lo que mi mujer hace es lo normal. Las parejas no pueden funcionar como es debido si no coordinan y más si hay niños por medio. Demasiadas responsabilidades en juego como para ir por la vida en las nubes. Quizá lo que me agobia no sea el que me lo cuente sino en no saber si me dará tiempo de hacerlo todo, puedo ser muy despistado pero ante todo soy terriblemente responsable. 
Ese exceso de responsabilidad es el que me mueve, a día de hoy, a mejorar mi currículum vite. Los años pesan y, como comenté en una entrada anterior, necesito encontrar un trabajo que me aporte unos ingresos más estables que los que ahora tengo. El trabajo de freelance requiere un esfuerzo y una dedicación que me empiezan a pasar factura. Necesito algo más ligero. Algo que no me sature tanto. Por ello me he metido en algunos cursos que me faciliten, o cuando menos, me sirvan de empujoncito para acceder a otro sector profesional. 
Movido por ese afán, cometí el terrible error de interesarme por un cartelito de esos que ponen en los escaparates anunciando un módulo de FP de grado medio semipresencial. Este resultó ser de auxiliar de administración y gestión (un tema que, francamente, no me interesa en lo mas mínimo) por lo que me dispuse a continuar mi camino. Pero antes de que pudiese mover un músculo, la visionaria de mi mujer, que siempre actúa por impulso, ya estaba formulando la matricula por teléfono movida por una epifanía momentánea en la que me vio en un puestito de funcionario o algo parecido. Por lo cual, al margen de mis razonables discrepancias, me veo haciendo un curso, que no sé bien si me podrá servir de algo, movido por (digámoslo de un modo sutil) una saludable necesidad de perpetuar la serenidad en mi entorno familiar. Y es que cuando a mi mujer se le mete una idea en la cabeza no hay quien se la quite.
Esta iniciativa requiere su valor, no solo porque hace muchos años que no estudio a ese nivel y he perdido el habito sino porque me obliga a enfrentarme una vez más a mi inevitable dislexia. Pero bueno, el empuje nunca ha sido mi problema aunque en este caso sea mi mujer la que me empuje. En fin, de perdidos al río y ya se verá que sale de todo esto.
En principio, con esta vuelta como alumno al mundo de la enseñanza veo un poco de todo, destacaría como muy positivo a los docentes con empatía hacia las inquietudes de los alumnos, y, por el contrario destacaría como negativo a los docentes “institucionalizados". Estos últimos son los que me preocupan, porque se hallan ajenos a la realidad que se vive fuera de sus aulas. Son personas formadas en el entorno docente para trabajar en el entorno docente. Que no conocen otra realidad que no sea esa. Encerrados en la burbuja de su lucimiento personal, sin ver más allá, a la vez que van reincidiendo en los mismos errores de quienes les formaron. Porque tristemente, todo se pega, tanto lo bueno como lo malo. Y cuando el impulso inicial se pierde y se acomodan a la rutina de sus puestos, entran en una fase de letargo encubierto del que no les es fácil salir. En ellos, no puedo evitar ver un gran despropósito cuando atiborran las materias de datos superfluos que los alumnos no van usar, ni llevar a la práctica en la vida, por el mero hecho de que las materias que imparten no pueden ser menos importantes que las que imparten los demás. En resumen, que se empecinan en hacer complicado lo que no lo es, por razones ajenas al auténtico espíritu de la enseñanza: La sencillez.
En mi humilde opinión, estos docentes “institucionalizados”, tienen mucho que aprender no solo de sus compañeros con empatía, sino también de los formadores del sector privado. Esos que viven el día a día con las necesidades reales de la gente de a pie. Personas curtidas en el rol de sacar a flote lo mejor de cada trabajador con el fin de ayudarles a ser más competentes en la labor que desempeñan. Al final, lo que cuenta no es saber mucho de todo, sino conocer lo esencial de cada cosa.
Y ustedes se preguntarán que demonios sabrá éste curtido disléxico de educar. Pues os diré que, al margen de haber vivido en mis propias carnes las consecuencias de la educación irracional en mi niñez, he impartido incontables cursos de diseño asistido por ordenador tanto para centros privados como instituciones y particulares, lo cual, me permite adoptar un actitud crítica del tema en base a dicha experiencia.
Para terminar, quisiera comentar que, a veces, me preocupa que os creéis una imagen errónea de mi. Por ello insisto en recordar que soy una persona corriente, tengo mis momentos buenos y mis momentos malos como todo el mundo. No busco seguidores, no molesto a mis familiares, amigos y conocidos suplicándoles que se unan a mi blog. No voy de simpático ni borde. Nada más lejos de la realidad. Mis bitácoras intentan ser inocuas en ese sentido, sobre todo, porque vengo jugando con Internet desde su liberación en los noventa, y sé, que los internautas suelen tender a interpretar lo que leen según el estado de ánimo en el que se encuentran, lo cual, lleva a malos entendidos. Resumiendo, sólo me interesa profundizar en la dislexia, porque, pese a todo, no me considero una víctima. Un incomprendido, quizá, pero nada más.
Ilustración ©MarcoASantanaS

miércoles, 8 de julio de 2015

"Grandes Genios Anónimos" Por Sara Gómez Barrial

Las asociaciones luchan por conseguir adaptaciones académicas.
Los padres luchan por conseguir que sus hijos no sean marginados ni señalados como niños conflictivos.
La sociedad pide que se sigan las normas establecidas.
Los profesores no saben cómo ayudarles y utilizan la vía fácil catalogándolos como “vagos e inmaduros” y limitándose a decir que “si quieren, pueden”.

Pero, mientras tanto, estas personas acuden a psicólogos, logopedas, pedagogos, neurólogos, realizan pruebas y más pruebas neurológicas y un sinfín de test psicológicos para intentar dar con la solución a su problema.

Ahora bien, ¿cómo se sienten y qué piensan esas personillas?
Pues se sienten humillados, ultrajados y presionados a hacer algo que no pueden. No saben cómo expresar con palabras su mundo interior, no son capaces de transformar las imágenes que ven en palabras escritas, y esto les lleva a llorar, a rebelarse, a pelearse y demás conductas perjudiciales para su persona.
Nadie sabe cómo ayudarles a expresarse ya que, por lo general, todo gira alrededor de las letras y los números, mientras que ellos tienen otra forma de entender la realidad.
Todo esto les lleva a destruir su autoestima, de tal modo que dejan de intentarlo porque hagan lo que hagan, no irá acorde con el sistema establecido.

Y, ¿qué pasa con su creatividad?¿Quedará oculta entre esa maraña de libros y libretas?¿Llegará a saber alguien el potencial tan grande que tienen esas personas?

En solitario crean grandes obras, las cuales quizás permanezcan ocultas durante un tiempo o, quizás, para siempre, por miedo a volver a sentir el fracaso experimentado en su época de estudiantes.
Hoy os propongo enseñar al mundo esa creatividad y que todos se sorprendan de lo ingeniosos que podéis llegar a ser.

Os voy a mostrar lo ingenioso que es Monchi (mi marido) con la madera, y las ganas que ha puesto en ello. Como una gran mayoría de las personas con predominio visual (no me gusta denominarlo dislexia ya que, de esa forma, se infravalora la capacidad intelectual de las personas que lo padecen) aprendió más viendo como la transformaban otras personas y trabajándola “in situ”, que lo que otras personas pueden aprender en los libros. Y, si necesitaba más información, recurría a los libros en los cuales predominaban más las imágenes que las palabras.


Otra de sus aficiones son los coches y las motos clásicas, y lo que más le divierte es restaurarlas. Esta pasión ha sido heredada también por nuestro hijo Raúl, que al igual que su padre aprende viendo y tocando, ya que la genética jugó su papel y el destino quiso que heredara esa manera tan peculiar de aprender, que unas veces es tan buena y otras tan puñetera (aunque yo me siento orgullosa de lo hábil que es desde pequeñín para desarmar y armar los juguetes y ver su mecanismo). Juntos restauraron un Rover inglés, que a continuación os voy a enseñar.

Tal es el entusiasmo que Raúl siente por el mundo del motor que en cuanto tiene la ocasión, desmonta cualquier coche o moto e intenta mejorarlos, unas veces con gran acierto y otras, con menos.
Estudió el módulo de electromecánica para el que requirió un gran esfuerzo, ya que padecía ansiedad al tener que estudiar la teoría de los libros (con la dificultad que a ellos les supone). Pero, cuando iba al taller a realizar las prácticas, con el simple olor a gasolina se le olvidaban todos los contratiempos. Desde que aprendió a hablar decía que iba a ser arreglador y, cuando amplió el vocabulario, cambió esa palabra por “mecánico”. Y, finalmente: ¡Objetivo cumplido!

El dicho: ”Querer es poder” se hizo realidad. De momento, el mundo del motor es tan solo una afición y, quizás, con el tiempo pase a ser su profesión. Eso sí, mientras tanto lo mismo ejerce de camarero que de jardinero, hortelano y, si se tercia, te hace un muro o te monta un módulo de cocina, da igual. Con sus manos y su imaginación transforma, con ilusión, todo lo que cae en sus manos.
El Mercedes y la moto Rieju las restauró él solo, dedicándoles muchas horas y mucho entusiasmo, lo cual es muy importante para conseguir los objetivos deseados.

ROVER INGLES

MOTO RIEJU MRX PRO
MERCEDES 190 2.316


Con esto pretendo animaros a que aportéis vuestras creaciones y que podamos demostrar que la dislexia no es un obstáculo, sino una manera diferente de aprender y evitar que se pierdan esos talentos ocultos por el error de enseñar en una sola dirección, infravalorando otras capacidades intelectuales como son, entre otras:
- Las kineséticas
- Las musicales
- Las deportivas
- Las artísticas

¡ENTRE TODOS PODEMOS LOGRARLO, LA UNIÓN HACE LA FUERZA!

lunes, 25 de mayo de 2015

No Soy Un Profesional De La Psicopedagogía

Suelo recibir correos de personas algo desorientadas con esto de la Dislexia reclamando una señal que les guíe hacia la luz. Ello me preocupa y complace a la vez, pues me gusta ayudar si está en mi mano hacerlo, pero me asusta que se espere de mi más de lo que puedo ofrecer. No perdáis el norte, como dictamina el título de ésta Bitácora: “No soy un profesional de la psicopedagogía”. Ton solo soy un navegante más en este impredecible mar de la vida. Si deseáis mirarme de algún modo, hacedlo como a un amigo, como a un compañero de viaje en la distancia dispuesto a echaros un cabo en la medida de sus posibilidades.
Dicho esto, me centraré en los citados correos recibidos, empezando por destacar el de una mamá fabulosa que se desvive por su hijo disléxico y que desea saber como evitar que su hijo se golpee a si mismo cada vez que algo le sale mal, o, simplemente, no le sale. Por lo visto, el chico se frustra fácilmente y se insulta tachándose de tonto. Partiendo de la base de que ésta SuperMamá, además de todo su cariño y apoyo, está llevando a su niño a una Psicopedagoga, una Fonoaudióloga y también a una Terapista Ocupacional, podría atreverme a aconsejarle que se cuidase de no mostrar ante él su preocupación, un tanto excesiva, porque si éste se percata de ello lo más probable es que se aferre a su condición y no es eso lo que se busca. El objetivo es facilitarle su integración en la sociedad. Si ve que puede tener a su mamá a su merced a causa de la dislexia, como cualquier niño que se precie de serlo, lo usará sin reparos como herramienta para mantenerla constantemente pendiente de él. No digo que éste sea el caso, pero si, como me ha expuesto, el niño se auto flagela física y verbalmente cuando se frustra, lo suyo desde mi punto de vista, sería comprobar si la reacción es la misma cuando se frustra sin saber si su mamá esta presente y actuar en consecuencia. Creo humildemente que saber eso ayudaría a escoger el modus operandi para corregir la citada conducta. Ya que no es bueno que se sienta estúpido cuando se equivoca, ha de entender que todos nos equivocamos, disléxicos y no disléxicos. Que las equivocaciones son un paso normal del aprendizaje. Vamos, que para aprender primero hay que equivocarse. Esta SuperMamá va ha tener que trabajar mucho la autoestima de su niño. Ese es el talón de Aquiles de los Disléxicos. Este ha de verse a si mismo al mismo nivel que los demás. Mas que nada, porque el saberse diferente puede ser un hándicap a la hora de integrarse con otros niños. De ahí la tendencia al aislamiento que muchos padecen. Eso hay que evitarlo, pues si él se aísla porque se sabe diferente, los otros niños también le aislaran porque percibirán instintivamente que hay algo raro en él, y en consecuencia, le rehuirán.

EL segundo correo que destacaré, es el de un adolescente que sin andarse con rodeos me pregunta a palo seco: ¿Cómo saber que no eres Tonto?…  Ésta es, sin duda, la pregunta mas difícil que me han hecho desde que comencé mi odisea por éstas impredecibles aguas del ciberespacio. No sé si estoy a la altura. Admito que me halaga el modo en el que algunos jóvenes os dirigís a mi, pero no olvidéis que no soy un gurú de la Dislexia, solo una persona con ciertos encantos similares a los vuestros. En fin, que os puedo decir que en el fondo de vuestros corazones no sepáis ya, salvo que, si empezáis tomando ese rumbo vais mal encaminados. Escuchadme bien, estimados navegantes, la premisa principal en esta vida que os a tocado vivir es creer en vosotros mismos por encima de todas las cosas. Por ello, tras quemarme la neurona durante un tiempo razonable. Hago acopio de las sabias palabras de la  Mamá de Forrest Gump, y os digo que “Tonto es el que hace tonterías". Y si eso no os vale, en mi caso, si os sirve de ejemplo, siempre tuve claro que si era capaz de interesarme por cuestiones como la Mecánica Cuántica y entender su teoría de las infinitas probabilidades no podía ser un Tonto. Yo os insto a que probéis a profundizar en cualquier tema que os llame la atención. La cosa esta en entender, no en memorizar. Podríais sorprenderos gratamente. No tenéis nada que perder. No tenéis que demostrarle nada a nadie, salvo a vosotros mismos. Lo peor que os puede pasar es que le deis un subidón a vuestra autoestima, y eso, queridos compañeros de viaje, nunca está de más.
Por otro lado, permítanme recordaros que las etiquetas son un peligro para nosotros. Ir por la vida apoyándonos en la muleta del ”yo soy" es más una desventaja que un beneficio. Remplazar un "Yo soy tonto" por un "Yo soy Disléxico" no resuelve nada. Pues, una cosa es saber a que te enfrentas y otra muy distinta es remplazar una etiqueta por otra. Si nos acomodamos, si nos limitamos a decir, no sé hacer esto o lo otro porque soy Disléxico, le estaremos dando la razón a nuestros retractores. Esos que nos encasillan como vagos. La premisa a adoptar, ha de ser siempre: “Sé a que me enfrento, y voy a luchar para superarlo.”

Por último y no menos importante responderé a un tercer correo, en el cual, una jovencita me pregunta: ¿Que hacer cuando te acosan por ser disléxico?… Cuando os crucéis con el típico prepotente que acostumbra a dirigirse a vosotros con expresiones tan duras como “Eres un mierda” o “No vales para nada” cerrad el oído. Nadie os puede hacer daño si no se lo permitís. Repito: Nadie os puede hacer daño si no se lo permitís. Preguntaos, quién tiene el control de lo que sentís… ¿Ellos o vosotros?… ¿Quién sabe mejor que nadie lo que sabéis o dejáis de saber?… ¿Ellos o vosotros?… No merecen que les dediquéis ni un segundo de vuestro valioso tiempo. Vista al frente y dejad que las corrientes de vuestras buenas vibraciones os empujen, viento en popa y a toda vela, hacia mares menos tormentosos.

Je, je… Empiezo a parecerme a Mel Gibson en Braverheart, cuando éste se pasea a caballo ante sus tropas entonando el típico discurso épico de somos los más chulos y vamos a ganar esta guerra. Tranquilos, que no cunda el pánico. Es que estoy un poquito tocado del cogote, ya saben, soy un Disléxico de esos, un bicho raro, algo así como un mutante.

No confundamos la falta de autoestima con la ignorancia. Esta sensación es solo un espejismo, una mala herencia del pasado, una consecuencia lógica de no haber sido atendidos correctamente. Y es que, cuando nos enseñan a no creer en nosotros mismos, es fácil caer en la debilidad de pensar que todos los demás son mas listos que uno. No olvidéis que la inteligencia no tiene nada que ver con almacenar datos superfluos en nuestras seseras, sino  con saber afrontar la vida con dignidad enriqueciéndonos con las cosas buenas que ésta nos da.

Si alguno siente la imperiosa necesidad de exteriorizar lo que lleva dentro. Si lo que  necesitáis es liberaros de la carga de las experiencias pasadas. Podéis exorcizar vuestros fantasmas en mi blog. Os recuerdo que mi puerta siempre está abierta a aquellos que deseen compartir su experiencia personal con la Dislexia.
Yo soy partidario de soltar lo que se lleva dentro una sola  vez, aliviar el alma, liberarla de esa carga, y luego, simplemente olvidar. Seguir adelante sin volver la vista atrás. Porque si persistimos en rememorar reiteradas veces esos recuerdos, corremos el riesgo de vernos atrapados en un ciclo vicioso de auto lamentación, y como he dicho otras  veces,  no es sano vivir revolcándonos en nuestras miserias.
Por otro lado. Siguiendo una propuesta de mi amiga del "Face”, Sara Gómez Barrial, también podéis compartir experiencias positivas. En una nueva iniciativa del blog que he bautizado con el enunciado. "Soy disléxico pero..." en el que podéis hablar de vuestros logros.
El ser humano necesita comunicarse. No podemos cabalgar siempre solos. Porque no estamos solos, somos más de los que imaginamos, y si algo se  nos da bien, es imaginar.

Cuando empecé a soltarme con las Bitácoras de esta fantástica aventura marítima, una amiga de la infancia me dijo sorprendida: " Nunca se me hubiese ocurrido pensar que poseyeras un mundo interior tan inmensamente rico”. Y es que cuando me lanzo a escribir protegido tras la pantalla de mi ordenador soy quien nunca fui, un individuo culto y desenvuelto, aunque cara a cara, en el día a día, no sea así. Es posible que, el que ahora os escribe, no sea yo. Quizá, solo sea la proyección de lo que pude haber sido y no soy.

Ahora me he de ir, otras cuestiones me reclaman, pero tranquilos, como de costumbre, volveré, y lo haré con más fuerza. Como el que se aleja buscando impulso para golpear un portón difícil de franquear.
  

viernes, 20 de marzo de 2015

Un Feliz Día Del Padre


Este año, los Chuquis de este navegante, han sabido sorprenderle gratamente regalándole unos dibujos, de elaboración propia, basados en el ciber-personaje que gusto enfundar para deleite propio y ajeno : "Un Hombre En Una Botella". Los cuales, merecen ser mostrados en este blog con sumo orgullo.

Hoy, más que nunca, sobran las palabras. ;-)
Un cordial abrazote para todos, a día del Señor de 2015


yrunay@gmail.com © Marco Antonio Santana Suárez